“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Para los noticieros estelares, para la Mesa Redonda de Cubavisión, para los medios de la “gran prensa” cubana, hoy será una excelente ocasión para apologizar la hazaña de los profesionales de nuestra Salud Pública por mantener los niveles de salud de su pueblo. Hoy quedarán reportados el rostro feliz de la embarazada o de la madre que lacta a su bebé, la sonrisa espontánea del niño que recupera su salud, la del anciano rehabilitado, o la del paciente que recibió un trasplante; seres arrebatados del dolor y de la muerte gracias a la consagración de mis colegas a todo lo largo y ancho de este archipiélago y más allá de sus fronteras. Incluso habrá algún que otro almuerzo especial, alguna fiesta más o menos opulenta, más o menos frugal en nuestros hospitales y policlínicos, porque cubanos al fin, siempre tendremos un rato para la alegría y la chanza. Hasta aquí todo precioso. Pero una vez que pase el ratico de sosiego, cuando se extingan las palabras del dirigente de paso, cuando la emotiva crónica cierre la edición del diario, cuando se apaguen micrófonos y luces después del festín, nuestros médicos y enfermeras despertarán del sueño y la campanada de la cenicienta los traerá de vuelta a la durísima agonía sufrida durante los restantes 364 días del año.

Porque detrás de la guirnalda de ocasión está la parte de la historia que no cabe en los entusiastas discursos, la verdad que no cuentan las edulcoradas crónicas de hoy; es la parte inconfesable, la cara oculta y dolorosa que silencia esa prensa que hoy nos agasaja con grandes loas. Cuando la función acabe y se corran las cortinas nuestro médico volverá al suspense de las batas raídas y los zapatos rotos, a la diaria incertidumbre de la despensa vacía, al sobresalto de fin de mes, a la odisea del transporte, a la escases de materiales y medicamentos, a las guardias de arroz con huevo y al ultraje del “salario” irrespetuoso que nos mancilla y no merecemos.

Mis colegas saben bien que ante el mundo se nos ostenta como el trofeo supremo, como el estandarte de la Revolución – junto a la Educación, nuestra hermana gemela en la pobreza – y que nuestro sector genera una quinta parte del PIB actual de este país en divisas constantes y sonantes (más de 8000 millones de dólares anuales). Sin embargo, a sabiendas de todo esto, nuestro gobierno considera que no nos merecemos más que el equivalente a $ 25.oo dólares de salario básico mensual, aún luego de décadas de sacrificios y privaciones personales. Hemos visto perpetuarse la desidia de las autoridades responsables de velar por nuestro bienestar y de garantizarnos, al menos, las más mínimas condiciones de trabajo. No contamos ni siquiera con un sindicato que se precie como tal y plante bandera por sus “afiliados”, lo cual nos mantiene en un total estado de indefensión ante las arbitrariedades. ¿Resultado?: esta elevadísima dosis de frustración personal, esta profunda sensación de desamparo y el convencimiento de que no se nos respeta.

Nuestro ministerio y nuestro gobierno saben perfectamente que las condiciones de vida y de trabajo del profesional de la salud promedio están frisando con la miseria, que nuestro simbólico “salario” no alcanza ni siquiera para comer, que intentamos ofrecer buena atención al paciente bajo condiciones muchas veces insalubres, en consultas que con frecuencia no cuentan ni siquiera con agua para asearnos las manos. Jamás se tuvo con nuestro sector la deferencia que se ha tenido con otros, a los que se les otorga uniforme y calzado periódicamente, un extra en alimentos y artículos de aseo, pago extra en CUC, venta de artículos industriales a precios sumamente ventajosos, hospedaje gratuito o a precios irrisorios en centros recreativos y turísticos, entre otro sinnúmero de “facilidades” otorgadas a estos organismos, entre los cuales se llevan las palmas el Ministerio del Interior y el de las Fuerzas Armadas. Por lo tanto, no se puede asumir, bajo ningún concepto, que nuestras horribles carencias sean compartidas por igual, sino que en virtud de una estrategia de sometimiento se nos ha reducido, junto a los maestros, al nivel más bajo del poder adquisitivo real – el nominal es otra burla al sentido común – y ya en el fondo de la escala, a un paso de la esclavitud, se nos trata como tal.

Si alguien se escandalizara con mis palabras cabría preguntarle: si nuestros dirigentes conocen a plenitud el precario modo en que vivimos – o mejor dicho, sobrevivimos – ¿por qué no se proyectan, ni siquiera mínimamente, para aliviar nuestras carencias? ¿Por qué nunca solucionan nuestros gravísimos problemas? No hay que llamarse al engaño, la respuesta es una y es simple: porque esos señores nos quieren exactamente así, sometidos, compungidos por el sufrimiento diario, con los sentidos embotados de modo que la penuria no nos permita pensar con claridad en la causa de nuestras privaciones. De no ser así ¿qué justificaría este proverbial abandono?

Desconozco la trascendencia dada a esta fecha en otros países de Latinoamérica y el modo en que nuestros colegas la evocan, pero aquí, más allá del regocijo personal de haber elegido la profesión más bella y de sabernos necesarios y útiles, los profesionales de la Salud Pública cubana clamamos hoy por el trato respetuoso que nos niegan nuestras autoridades y aspiramos a un futuro más digno, en el que se valore debidamente nuestra humana labor. Ya se despejará algún día el horizonte, pero mientras tanto hoy exclamo con admiración y con orgullo: ¡Felicidades Seño! ¡Felicidades Doctor! ¡Levanten la mirada! ¡Ya vendrán tiempos mejores!

Ver: Pidamos la palabra.

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Comentarios en: "Día de la Medicina Latinoamericana" (7)

  1. No por ter la barriga llena, la dignidad será mayor, es un miedo compartido o una convición de no tener furor. Estas dentro de una verdadera MATRIX si no te adaptas mueres o te mueren, ya te mostraron las cartas, no eres como ellos quieren, ahora no viviras como quieres. te recomiendo leer el SALMO23. te ayudara te lo aseguro.

  2. [...] emigrados ante un tratamiento tan atroz? Sin ninguna duda, se puede asegurar los trabajadores del sector de la Salud Pública cubana hemos recibido el trato más denigrante en esta historia y hoy nuestro gobierno tiene la [...]

  3. [...] ahora ni en sueños se aumentará un centavo a nadie. El Presidente sabe bien que los maestros y los médicos –en Cuba los eslabones últimos de la cadena alimenticia– ganamos ¨… muy poco…¨, pero un punto y [...]

  4. [...] inatención crónica y el abandono a que estamos sometidos los profesionales de la Salud Pública; las pésimas condiciones de trabajo, de descanso y de [...]

  5. [...] y todo sería mantenido en el más hermético y riguroso secreto profesional. Después de todo, los médicos en Cuba trabajamos gratis, a mí nada se me debe, pero es increíble, me sigue inquietando, que a los [...]

  6. [...] Ver: Día de la Medicina… 3/12/2011. [...]

  7. […] prohibían masivamente a todos los cubanos viajar al extranjero; ya están derogadas también las resoluciones ministeriales del MINSAP que retenían a los profesionales de la salud durante al menos cinco años si querían viajar; […]

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