“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para diciembre, 2011

Parábolas de la discordia

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Corría una mañana de abril de 2007, cuando sobre las 8:00 a.m. escuché la estridencia del pelotón de patrullas que arrollaban por las calles colindantes; sentí los frenazos y portazos, las órdenes secas, la alarma de los vecinos. En un minuto vi llover un enjambre de policías sobre los techos del vecindario y los vi desenterrar cables de los patios. Más tarde supimos el resultado del operativo: multados todos los clientes, más el consabido decomiso de todo lo utilizado por los responsables, multa de 20000 pesos incluida para estos últimos. Se desmantelaba así aquella red clandestina de televisión extranjera por cable que operaba entonces en mi barrio, mediante la cual muchos vecinos contrarrestaron durante varios meses el tedio de las mesas redondas de la televisión cubana.

Aunque han transcurrido varios años, este Fénix de vez en cuando resucita. El pasado 14 de noviembre la última página de Granma se refirió a grandes rasgos, en un artículo de Ricardo Alonso Venereo, al caso de alguien que fue “reducido” a la legalidad después de dedicarse durante varios años a la instalación ilegal de antenas parabólicas y equipos de recepción satelital. Por supuesto que quienes montan estas redes no lo hacen con fines filantrópicos, pero es innegable que en este caso el lucro se establece – como sucede casi siempre – a partir de necesidades insatisfechas, en este caso, la avidez de quienes se saben prisioneros en este peñoncito del Caribe, por saber qué pasa más allá de su horizonte, más allá de los discursos y diatribas que de tanto repetirse le hastían la vida; de saber cómo va cambiando el mundo a pesar de que aquí perseveran los mismos rostros.

Son recurrentes los casos que, de forma aislada o mediante redadas al estilo de aquella de mi barrio, evidencian la existencia de dos posiciones antagónicas: por un lado la barriada reincidiendo en el “pecado capital”, queriendo asomarse a la otra cara del mundo, y por el otro las autoridades gubernamentales, negadas a rajatabla, haciendo todo lo posible por evitarlo. A pesar de que estas redes ilegales por lo general se limitan a difundir programación recreativa, al margen de la política y casi siempre de pésimo gusto – culebrones lacrimógenos, shows televisivos, filmes ligeros, etc. – nada evitará que se repitan periódicamente estos “ejemplarizantes escarmientos”, pues de momento nada señala hacia las intenciones del Gobierno cubano de crear mecanismos legales que hagan estos servicios accesibles para el pueblo.

Este asunto, como otros, pone en evidencia el peor cinismo, ese capaz de asegurar que estos hoteles a 60 dólares la noche son para el pueblo cubano trabajador sólo porque ahora, teóricamente, una ley “se lo permite”; ese cinismo que pregona mi “libertad” saludando a la platea con la mano de seda, mientras con la mano de hierro atenaza mis derechos civiles. Pues bien, ahora aseguran estos cínicos que “Cuba no está en contra del uso de la tecnología, al contrario… pero se requiere orden, control...”, ¡entiéndase represión y censura! Según lo dicho por los cínicos, alguien al margen de la realidad cubana pudiera entender que cualquier trabajador cubano puede solicitar tranquilamente una licencia con este fin a la Agencia de Control y Supervisión del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, cuando es bien sabido que se trata de un servicio brindado única y exclusivamente a extranjeros residentes en Cuba.

Ya los represores no saben qué hacer ante una sociedad que se ha creado sus propias fórmulas subterráneas para evadir el control inquisitorial; ante un mundo que ha cambiado, los observa y los cuestiona; ante los mecanismos alternativos que han emanado de una sociedad civil en ciernes pero, al fin y al cabo, sociedad civil; ante una oposición no reconocida oficialmente, pero negada a callar a pesar de las reprimendas más refinadas y sistemáticas. O sí… definitivamente sí saben qué hacer, sólo que no encuentran cómo reprimir y a la vez seguir pasando por santos.

Otra batida, esta vez contra las antenas parabólicas, mañana serán nuevamente los blogueros, los reporteros independientes, en fin, cualquier voz alternativa, cualquier fuente de discrepancia capaz de desmentir o poner en entredicho las posiciones oficialistas. No se detiene la cruzada en mi país contra las hendijas en el muro del cuartel. Es una batida permanente y literal contra todo lo que vulnere el monopolio absoluto que sobre la información necesita conservar el Estado cubano para controlar su feudo. Están muy claros en este punto: únicamente fiscalizando de la manera más burda el nivel de información del individuo, pueden mantenerlo al margen de la verdad; únicamente sobre la base de privar al pueblo cubano de su derecho a acceder a fuentes alternativas pueden imponer, mediante la fuerza, sus propios puntos de vista.

Todos los caminos conducen a Roma.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

La sentencia no es gratuita… no cuando se vive en Cuba. Aquí, el diseño de absoluta centralización no se limita a las relaciones económicas sino que se extiende, incluso en mayor medida, a todo cuanto la lectura oficialista le confiera un matiz remotamente político. La no división de poderes es la condición esencial para que así sea. El absolutismo ha dispuesto todos los canales de la sociedad de modo que conduzcan directamente a un único centro de toma de decisiones. Luego se ejecutará con precisión militar lo que ordene ese binomio político-militar en que derivó el dueto Partido Comunista-Seguridad del Estado. Si uno establece la rígida plataforma programática, el otro aporta la copiosa información de Inteligencia y una vez analizado en el único centro de poder cada circunstancia, se toma la decisión táctica o estratégica más conveniente para el stablishment, no importando incluso si esta decisión contraría abiertamente la “ley” escrita. Nuestro caso es un excelente ejemplo de lo que digo.

Hay dos momentos de nuestra historia en que se evidencia este mudus operandi típicamente verdeolivo. El primero cuando en marzo de 2008, después de una tentativa de huelga de hambre de quien escribe, decidimos reiniciar las gestiones por vías civilizadas ante el Consejo de Estado y diez días más tarde nos llegaba la única respuesta que hemos recibido de los organismos centrales en estos cinco años: “… hemos considerado prudente dar cuenta al Ministerio de Salud Pública, para su atención y respuesta.” O sea, que se nos enviaba nuevamente al matadero, se erigía así en juez y parte a la entidad que sancionaba. Un segundo momento ocurre tres años más tarde, el pasado 15 de agosto, cuando me dirigí al diario Granma – días más tarde me dirigí además a Trabajadores y a Juventud Rebelde – logrando sólo un par de líneas de Granma como respuesta, vía E-mail: “Su escrito fue trasladado al Ministerio de Salud Pública para su atención y respuesta según proceda.” Obviamente, en la unidad de estilo se advierte que en ambos casos la misma mano es la que escribe.

El pasado 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana, Granma me congratuló con esta escueta respuesta, esta vez vía correo convencional, por dirigirme a su sección “Cartas a la Dirección” hace más de tres meses. Ya aquella respuesta previa que me llegara el 10 de octubre vía E-mail – seguramente por mi cumpleaños – había originado, el 17 de octubre, una afectuosa carta a su flamante Director Lázaro Barredo Medina. Este sobre sellado, al llegar a mi puerta, parecía recordarme que a pesar de que el mundo ha girado cientos de miles de veces, cada vez y donde quiera que se instaure el poder de los césares, todos los caminos, pasajes, callejas, calzadas, avenidas, sendas y veredas – con atajos incluidos – seguirán conduciendo finalmente a Roma.

Carta al Ministro de Salud Pública.

A: Roberto Morales Ojeda.

     Ministro de Salud Pública.

El pasado 2 de octubre se cumplieron cinco años de que fuimos oficialmente notificados de nuestra inhabilitación para el ejercicio de la Medicina, en todo el territorio nacional por tiempo indefinido, mediante las Resoluciones 248 y 249, del 27 de septiembre de 2006. Todos los detalles de nuestro caso han sido expuestos reiterada y exhaustivamente a la Dirección del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) mediante casi una veintena de documentos que han sido entregados en su sede desde que nos dirigiéramos por primera vez a su predecesor, el Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, en marzo de 2007. Todos y cada uno de estos documentos fueron ignorados por completo por aquel y luego por Usted, no dignándose ninguno de los dos a emitir la más mínima respuesta, ni tan siquiera ante las misivas remitidas a Usted, presuntamente, desde el Consejo de Estado en marzo de 2008 y más recientemente desde la Dirección del periódico Granma el pasado mes de noviembre.

Desde noviembre de 2005, fecha en que fueran recepcionados los documentos que generaron la polémica, el MINSAP quedó en posesión de los manuscritos auténticamente firmados por aquellos 300 trabajadores, lo cual queda probado por las copias acuñadas en el momento de su recepción. De esto se deducen dos conclusiones básicas; la primera: que no es cierta la acusación principal que se nos hizo de no haber entregado este documento firmado por 300 trabajadores sino, presuntamente, sólo un segundo documento con las firmas “anexadas”, acusación sin fundamento usada para inhabilitarnos; la segunda conclusión: que si es así, entonces Usted está en la obligación ética y moral de derogar estas sanciones, emitidas injustamente, y reparar hasta donde le sea posible el daño que se nos hizo.

Ministro: Si queda demostrado que somos inocentes del hecho que se nos imputa, hay un único modo en que Usted pueda hacer justicia:

  1. Disponiendo que sean revocadas las Resoluciones Ministeriales 248 y 249, emitidas por el Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, y que seamos devueltos ambos a los originales puestos de trabajo que ocupábamos en abril de 2006. Esto implicaría una reparación moral pública y la indemnización económica consistente en el monto salarial íntegro dejado de percibir durante estos más de cinco años dejados de trabajar contra nuestra voluntad.

  2. Disponiendo la revocación de la Resolución Decanal 14-06 emitida por la entonces Decana de la Filial Oeste del Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana, y que sea devuelto el Dr. Jeovany Jimenez Vega al régimen de Residencia permitiéndosele terminar la especialidad en Medicina Interna que le fuera suspendida arbitrariamente mientras cursaba su último año.

La solución a este caso no admite términos medios: o bien Usted considera que nuestra inhabilitación fue justa y en consecuencia decide no derogar estas sanciones – en cuyo caso quedamos en libertad de decidir qué hacer – o bien considera que fue injusta y procede a derogarlas – pues cuenta con la herramienta legal necesaria (Decreto-Ley 268-2009, Capítulo V) – en cuyo caso debe cumplirse todo lo arriba expuesto, pues aceptar otra salida, en nuestro caso, sería admitir tácitamente que traicionamos la confianza de nuestros compañeros con la mezquindad de que se nos acusa. Todo lo que queda sugerido está contemplado dentro de sus facultades como Ministro de Salud Pública. Al reintegrarnos a nuestro trabajo Usted repararía, desde la sensatez y la responsabilidad, el perjuicio causado por la insensatez de otros. No pedimos nada que no nos pertenezca, únicamente aspiramos al justo desagravio ante un castigo inmerecido. Al derogar estas sanciones Usted nos habrá restituido algo que siempre ha sido nuestro, pues lo aquí reclamado nos fue arteramente usurpado hace cinco años en medio de aquella cruzada contra el derecho de un grupo de 300 trabajadores a expresar, desde la libertad, el civismo y la decencia, su criterio con respecto a un aumento salarial irrespetuoso. Sólo una reparación justa y acertada nos vindicaría a todos.

En espera de su comprensión y respuesta:


Balseros: ¿la historia sin fin?

Por: Jeovany Jimenez Vega.

La historia sin fin nos trae otra vez malos augurios. Una nota oficial del Ministerio del Interior – emitida a través de Granma el pasado viernes – trae a colación una vez más el drama perpetuo de los balseros. Esta vez fueron rescatadas 18 personas en la costa de Palmarejo, municipio de Santa Cruz del Norte, en la occidental provincia de Mayabeque, de un grupo que zarpara ilegalmente en una embarcación rústica a finales de noviembre desde el norte de Artemisa, reportándose además 5 personas fallecidas.

La crisis de Camarioca, en 1965; la crisis del Mariel, en 1980; el dolorosísimo crimen de Tarará, en 1992; el trágico hundimiento del remolcador “13 de Marzo” con sus 41 almas perdidas, 10 niños incluidos y la crisis de los balseros, maleconazo incluido, en 1994; el drama humano de Elián González; la tentativa de secuestro de la lancha de Regla, con su secuela sumaria de fusilamientos, en 2003; por sólo mencionar algunos de los más notables eventos de esta luctuosa saga, y dando por descontado que el número real de las decenas de miles de cubanos que han muerto en el estrecho quizás no se conozca nunca.

Todos estos episodios de nuestra historia reciente, que han marcado profundamente a generaciones enteras de cubanos, tienen algo en común: con toda seguridad no se habrían producido si el Gobierno cubano no nos hubiera privado de los mecanismos legales para viajar libremente al extranjero, como sucede en virtualmente el resto del mundo civilizado. Aquí es donde los escépticos ripostan “… pero si igual se lanzan al mar dominicanos y haitianos, y se lanzan al desierto abrazador los mexicanos…” y yo les haría notar algunas diferencias esenciales: esas chalupas que zozobran repletas de antillanos e igual los mojados que se arriesgan a la ruta del coyote, son los desposeídos absolutos, hijos de una pobreza ancestral que los priva de cualquier posibilidad de procurarse los medios legales establecidos en su país – pasaporte, visado, pasaje, etc. – para emigrar a su destino, casi siempre los EE.UU. y en última instancia, es el país de destino quien les niega la visa, pero no están sometidos, en principio, a una prohibición de sus gobiernos de viajar al resto de mundo; son personas que de contar con los recursos necesarios nunca se lanzarían a tan temeraria empresa. Sin embargo, en el caso cubano se cuenta más de un balsero que de una manera u otra disponía de la solvencia necesaria, pero quefue privado en absoluto por su propio gobierno del derecho a viajar, no sólo a EE.UU. sino a cualquier otro país del mundo, aun contando con la visa en cuestión, y este es el detallito esencial que distingue a nuestro balsero del resto de la casi totalidad de los terrícolas.

Si bien la controvertida Ley de Ajuste Cubano, vigente desde principios de los 60, estimula el riesgo de emigrar ilegalmente a ese país, es indiscutible también que se ha mantenido incólume hasta hoy precisamente sostenida por esta absurda y sistemática política de encierro de nuestro gobierno. Aunque conociendo la psicología de las sucesivas administraciones de EE.UU. y su reiterada postura con respecto a Cuba me atrevería a aventurar un pronóstico: si hoy mismo el Gobierno cubano levanta la prohibición y permite viajar libremente a sus ciudadanos, el Congreso estadounidense reconsideraría inmediatamente su posición y derogaría o “reajustaría” la Ley de Ajuste, dado que dejaría de serle útil para mantener el goteo perenne de salidas ilegales desde la isla con su respectiva cosecha mediática – más conveniente que los grandes éxodos – y se vería obligado, restringiendo las visas, a detener esa primera oleada que seguramente se produciría, pero que por vías legales y organizadas no dejaría el lastre de muertes necesario para los fines propagandísticos del lobby anticomunista.

Aunque hay algo muy cierto en este asunto: si como ciudadano cubano no tengo derecho a exigir a un gobierno extranjero – cualquiera que sea y cualquiera que haya sido su relación con Cuba – que modifique su legislación, en cambio sí me asiste absolutamente todo el derecho de exigir a mi gobierno que haga todo lo que esté en sus manos para poner fin a esta larga estela de muertes innecesarias, pues lo más desgarrador es que pudieron evitarse. La prohibición de viajes actúa como el eje central alrededor del que giran todas estas desgracias. Lo dije antes y lo repito: el principal responsable de la muerte de cubanos en el mar buscando emigrar es, y siempre ha sido, la política migratoria del Gobierno cubano. Sólo queda dejar tiempo al tiempo… la vida lo demostrará.

Cumple un año Ciudadano Cero.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hoy cumple justo un año esta aventura que en lo personal es “Ciudadano Cero”. Esta botella lanzada al mar en medio de mis tormentas – hija de la esperanza y de la soledad – trajo consigo esa brizna de alivio que deja el bálsamo en la piel quemada. Este grito, que se resistió a morir ahogado en mi garganta, es una verdad que reclama su lugar bajo la luz del sol y sólo espero que me baste para contar todo el dolor, toda la impotencia y la rabia. Para que no queden impunes los culpables, para que no salgan limpios los cínicos del panteón de los traidores la ternura no basta, se tiene que poner en riesgo algo más que la voz, hay que apostar a quemarse las manos, hay que atreverse a saltar cada vez al vacío arriesgando todo en el intento.

Este compañero de viaje, fue ya durante un año el humilde relicario de mi afán por recuperar lo que me fue usurpado. Fue por momentos el sosiego de quien se sabe en paz consigo mismo, pero por momentos fue también la estampida de la ira contra el déspota y el insolente que defalcan mis derechos. Este es el sincero intento de divulgar una historia que de cierto modo dejó ser la mía para empezar a ser un poco la de todos, porque la mano oscura y siniestra que mancilló mi dignidad, es la misma que se extiende aún sobre la dignidad de todos los cubanos.

Así vendré cada lunes, a darme esta especie de terapia para no sufrir una agonía estéril ante el villano impío; para hablar desde mi vocación martiana de hombre libre; para que la hiel de los verdugos no contamine lo que salvé de los naufragios; para curarme del odio aunque parezca borrascoso el horizonte; para que mañana no digan los cobardes…

Cero Internet… según Parrilla.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Las palabras del Canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla durante el Taller “Los medios alternativos y las redes sociales”, no me dejan lugar a dudas. La decisión sigue siendo la misma, está tomada al más alto nivel y es definitiva: no habrá Internet para el pueblo cubano; al menos mientras persista la mentalidad octogenario-paleolítica que está dictando los designios de este país. Se infiere a las claras de las expresiones del vocero del poder gobernante, que transmite exactamente el mismo mensaje anacrónico de siempre, permeado de estudiadas frases que, a pesar de su ambigüedad, me dejan muy claro que se mantienen inflexibles en este punto.

Aunque hay que ser osado para atreverse a decir públicamente, sin sonrojarse, que Cuba apuesta por el uso social, masivo de la Internet; decir que “… es esencial que los movimientos de rebeldía tengan expresiones en el ciberespacio…” cuando se habla en nombre de un gobierno que excluye a su pueblo de ese derecho; hablar sobre “… el derecho al acceso liberador del conocimiento, frente al control de la información…”; admitir que “… no se puede concebir la Educación en Cuba sin el acceso a la tecnología y sin la igualdad de oportunidades…” sabiendo que en este país comprar una PC mínimamente avanzada es una quimera inalcanzable para un maestro que gana el equivalente a $ 20.oo USD de salario mensual, ya ni hablar para la mayoría de sus alumnos.

Cuando el Señor Parrilla asevera que “… el abaratamiento de la tecnología nos asegura que estarán más al alcance de la gente…” tal vez piensa en gente como él, ministros, con salarios y prebendas de ministros, cuyas sofisticadas PC – civilizadamente conectadas a Internet, como las de sus hijos – fue asignada gratuitamente o vendida a precio de ganga, o bien traída durante alguno de sus frecuentes viajes a países capitalistas, de esos que propician ese “… desorden mundial… la banalización y la agresión cultural… que nos tratan como meros consumidores…” pero que venden tan barato…

A pesar de su lenguaje camaleónico, sin embargo el móvil real de su mensaje se deslizó de modo casi subliminar cuando recordó el papel jugado por estos medios en el caso libio, y esto resume el verdadero porqué de su discurso. Se concluye a todas luces que nos privan del acceso a la red por su desmedido terror a una reacción popular fuera de control. Estos señores parecieran desestimar algo medular a la hora de plantear la necesidad de una “estrategia política en el ciberespacio”: que la verdad es la única premisa esencial, que una verdad sólida y respaldada en hechos concretos se defiende sola y llega a los confines del mundo sin necesidad de adulterarla ni mancharla con la censura a verdades ajenas. La ley otra vez se cumple. Quienes tienen mucho que ocultar se horrorizan ante la confrontación; pero estos retrogrosaurios se saben cada vez más incongruentes y saben que cada día que pase, sin remedio, quedarán más desamparados, solos y desnudos ante su falacia.

Día de la Medicina Latinoamericana

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Para los noticieros estelares, para la Mesa Redonda de Cubavisión, para los medios de la “gran prensa” cubana, hoy será una excelente ocasión para apologizar la hazaña de los profesionales de nuestra Salud Pública por mantener los niveles de salud de su pueblo. Hoy quedarán reportados el rostro feliz de la embarazada o de la madre que lacta a su bebé, la sonrisa espontánea del niño que recupera su salud, la del anciano rehabilitado, o la del paciente que recibió un trasplante; seres arrebatados del dolor y de la muerte gracias a la consagración de mis colegas a todo lo largo y ancho de este archipiélago y más allá de sus fronteras. Incluso habrá algún que otro almuerzo especial, alguna fiesta más o menos opulenta, más o menos frugal en nuestros hospitales y policlínicos, porque cubanos al fin, siempre tendremos un rato para la alegría y la chanza. Hasta aquí todo precioso. Pero una vez que pase el ratico de sosiego, cuando se extingan las palabras del dirigente de paso, cuando la emotiva crónica cierre la edición del diario, cuando se apaguen micrófonos y luces después del festín, nuestros médicos y enfermeras despertarán del sueño y la campanada de la cenicienta los traerá de vuelta a la durísima agonía sufrida durante los restantes 364 días del año.

Porque detrás de la guirnalda de ocasión está la parte de la historia que no cabe en los entusiastas discursos, la verdad que no cuentan las edulcoradas crónicas de hoy; es la parte inconfesable, la cara oculta y dolorosa que silencia esa prensa que hoy nos agasaja con grandes loas. Cuando la función acabe y se corran las cortinas nuestro médico volverá al suspense de las batas raídas y los zapatos rotos, a la diaria incertidumbre de la despensa vacía, al sobresalto de fin de mes, a la odisea del transporte, a la escases de materiales y medicamentos, a las guardias de arroz con huevo y al ultraje del “salario” irrespetuoso que nos mancilla y no merecemos.

Mis colegas saben bien que ante el mundo se nos ostenta como el trofeo supremo, como el estandarte de la Revolución – junto a la Educación, nuestra hermana gemela en la pobreza – y que nuestro sector genera una quinta parte del PIB actual de este país en divisas constantes y sonantes (más de 8000 millones de dólares anuales). Sin embargo, a sabiendas de todo esto, nuestro gobierno considera que no nos merecemos más que el equivalente a $ 25.oo dólares de salario básico mensual, aún luego de décadas de sacrificios y privaciones personales. Hemos visto perpetuarse la desidia de las autoridades responsables de velar por nuestro bienestar y de garantizarnos, al menos, las más mínimas condiciones de trabajo. No contamos ni siquiera con un sindicato que se precie como tal y plante bandera por sus “afiliados”, lo cual nos mantiene en un total estado de indefensión ante las arbitrariedades. ¿Resultado?: esta elevadísima dosis de frustración personal, esta profunda sensación de desamparo y el convencimiento de que no se nos respeta.

Nuestro ministerio y nuestro gobierno saben perfectamente que las condiciones de vida y de trabajo del profesional de la salud promedio están frisando con la miseria, que nuestro simbólico “salario” no alcanza ni siquiera para comer, que intentamos ofrecer buena atención al paciente bajo condiciones muchas veces insalubres, en consultas que con frecuencia no cuentan ni siquiera con agua para asearnos las manos. Jamás se tuvo con nuestro sector la deferencia que se ha tenido con otros, a los que se les otorga uniforme y calzado periódicamente, un extra en alimentos y artículos de aseo, pago extra en CUC, venta de artículos industriales a precios sumamente ventajosos, hospedaje gratuito o a precios irrisorios en centros recreativos y turísticos, entre otro sinnúmero de “facilidades” otorgadas a estos organismos, entre los cuales se llevan las palmas el Ministerio del Interior y el de las Fuerzas Armadas. Por lo tanto, no se puede asumir, bajo ningún concepto, que nuestras horribles carencias sean compartidas por igual, sino que en virtud de una estrategia de sometimiento se nos ha reducido, junto a los maestros, al nivel más bajo del poder adquisitivo real – el nominal es otra burla al sentido común – y ya en el fondo de la escala, a un paso de la esclavitud, se nos trata como tal.

Si alguien se escandalizara con mis palabras cabría preguntarle: si nuestros dirigentes conocen a plenitud el precario modo en que vivimos – o mejor dicho, sobrevivimos – ¿por qué no se proyectan, ni siquiera mínimamente, para aliviar nuestras carencias? ¿Por qué nunca solucionan nuestros gravísimos problemas? No hay que llamarse al engaño, la respuesta es una y es simple: porque esos señores nos quieren exactamente así, sometidos, compungidos por el sufrimiento diario, con los sentidos embotados de modo que la penuria no nos permita pensar con claridad en la causa de nuestras privaciones. De no ser así ¿qué justificaría este proverbial abandono?

Desconozco la trascendencia dada a esta fecha en otros países de Latinoamérica y el modo en que nuestros colegas la evocan, pero aquí, más allá del regocijo personal de haber elegido la profesión más bella y de sabernos necesarios y útiles, los profesionales de la Salud Pública cubana clamamos hoy por el trato respetuoso que nos niegan nuestras autoridades y aspiramos a un futuro más digno, en el que se valore debidamente nuestra humana labor. Ya se despejará algún día el horizonte, pero mientras tanto hoy exclamo con admiración y con orgullo: ¡Felicidades Seño! ¡Felicidades Doctor! ¡Levanten la mirada! ¡Ya vendrán tiempos mejores!

Ver: Pidamos la palabra.

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