“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para octubre, 2011

Resoluciones del MINSAP ¿vigentes o derogadas?

Por: Jeovany Jimenez Vega.

El pasado 21 de febrero publiqué en Ciudadano Cero un post que, bajo el título “La Resolución 54 del MINSAP”, expone a grandes rasgos la naturaleza de esta draconiana medida. La letra de esta Resolución Ministerial se mantiene inaccesible para el trabajador, por lo que me vi obligado a reflejar en aquellas líneas su lado visible: la atrocidad sufrida por el trabajador que desea viajar al extranjero definitiva o temporalmente y que es retenido durante cinco años contra su voluntad por el Ministerio de Salud Pública. Pero hace varios días, manos amigas me hicieron llegar la letra de esta y de otras Resoluciones del MINSAP y recién me percato de una realidad mucho más complicada y pasmosa. El problema resultó ser más grave de lo que pensé.

Paradójicamente la Resolución 54, emitida el 2 de julio de 1999 por el Ministro Dr. Carlos Dotres Martínez – publicada en Gaceta Oficial el día 13 del mismo mes – no definió por cuánto tiempo el interesado sería retenido por el MINSAP una vez presentada su solicitud de baja al Director Provincial de Salud, sin embargo, desde el primer día de su entrada en vigor en 1999, la Dirección del MINSAP fijó en tres años el tiempo que sería retenido el trabajador que pretendiera viajar al extranjero, período que fue rápidamente elevado a cinco años, válido hasta hoy. La citada resolución tampoco especificó la salida del trabajador al extranjero en ninguna de las categorías establecidas en su Resuelvo Primero, sino que se debe inferir el impreciso “… o de cualquiera otra índole…” como la tela de araña donde han quedado atrapados, junto a su familia, miles de trabajadores.

Pero mi asombro aumenta cuando advierto que la Resolución 54 fue derogada por la Resolución 33 del 25 de abril de 2001 – publicada en Gaceta Oficial el 2 de mayo de ese año – que establece el término de tiempo de que dispone el trabajador para avisar previamente al Director de su centro cuando desee cesar su vínculo laboral, así como establece el plazo máximo de que dispone la administración para liberar al trabajador de sus funciones. Llama la atención que con la Resolución 33 queda derogada la 54 sin que se mencione tampoco aquí el tema de la “liberación” del trabajador que desea viajar al extranjero, a pesar de lo cual nunca dejó de aplicarse sistemáticamente a todo aquel que deseó salir del país un procedimiento idéntico al utilizado desde 1999 cuando entrara en vigor la controvertida Resolución 54. ¡¿?!

Pero ahí no se detiene el asunto. Resulta que la Resolución 33 fue así mismo derogada por la Resolución 144, del 17 de julio de 2003. Ese mismo día ya había sido dictada también la Resolución 143, que mediante su Resuelvo Primero obliga a solicitar la “liberación” a todo trabajador calificado subordinado al MINSAP que desee dejar de laborar en el sector para incorporarse en actividades, afines o no a su profesión, “… a otros órganos u organismos de la Administración Central del Estado, órganos estatales, entidades nacionales, empresas, uniones de empresas estatales, sociedades mercantiles cubanas, unidades empleadoras de las inversiones extranjeras, organismos no gubernamentales, asociaciones económicas, administrativas, de servicios o de cualquiera otra índole…” Ambas resoluciones fueron publicadas en Gaceta Oficial el 18 de noviembre de 2003.

De este modo la Resolución 143 vuelve sobre los pasos de la Resolución 54 emitida cuatro años antes, pues sin mencionar como categoría la salida del país, tácitamente toma esta circunstancia como “de cualquiera otra índoley con eso le basta para separar miles de familias durante cinco largos años,sinhaberdefinido tampoco por cuánto tiempo será retenido el solicitante de la “liberación”. Deja claro, eso sí, en su Resuelvo Cuarto que sólo el ministrodeterminará “… el término o las condiciones en que puede ser atendida la solicitud…” del trabajador, o lo que es lo mismo: será retenido invariablemente el tiempo que decida su ministro.

En fin, el horizonte se perfila oscuro para nuestro trabajador de la salud pública que desee salir definitiva o temporalmente al extranjero, pues continúa sometido a una política que coarta su derecho a viajar libremente. Como no soy licenciado en Derecho ni nada que se le acerque, todo lo que aquí digo puede estar sujeto a error y es muy probable que lo esté, lo cual es también consecuencia de la política seguida por las autoridades de mi país, que me niegan tácitamente el acceso a regulaciones que deberían estar expuestas a la libre consulta del trabajador, destinatario último de las disposiciones dictadas. Saben muy bien que un trabajador desinformado es manipulable y por esto mantienen la desinformación como uno de los pilares de su política de control. De no estar yo errado, el asunto va mucho más allá de que se nos retenga por cinco años – algo que no tienen derecho a hacer ni por cinco minutos – sino que es evidente que se han llegado a aplicar sistemáticamente estas medidas a mansalva, aun sobre la base de resoluciones no solo ambiguas, sino además derogadas, lo cual es sumamente grave. Esto es posible únicamente cuando se vive bajo el estado de indefensión a estamos sometidos los trabajadores de la Salud Pública cubana, que sin el apoyo de una organización gremial o un sindicato que represente y defienda nuestros intereses, quedamos a merced de los veleidosos dictados del todopoderoso ministro.

Carta a Lázaro Barredo Medina

A: Lázaro Barredo Medina.

    Director del Periódico Granma.

En la mañana del 10 de octubre, recibí vía E-mail la respuesta a la carta que le dirigí el pasado 15 de agosto a la sección “Cartas a la Dirección” de su periódico, donde expuse sintéticamente los detalles de mi caso. Una respuesta de cinco palabras que incluye una falta de ortografía, lo cual deja mucho que desear en una publicación de su estirpe, fue todo lo que se atrevió a emitir Granma. El mensaje en cuestión me informa que se decidió trasladar mi escrito al MINSAP.

Señor Director: No por esperada esta respuesta fue menos indigna. Pudiera dar la impresión de que, con la premura del trabajo editorial, se soslayara por descuido la gravedad de mi caso; pero la perspicacia que lo sitúa al frente de la publicación de más alcance del país, le indicará enseguida que su sección se condujo exactamente como lo dispone la sistemática política de censura impuesta en Cuba hace medio siglo.

La prensa oficial cubana traiciona su deber histórico con la patria cuando pasa de ser centinela que previene y alerta, a ser cómplice que calla o anda por las ramas. Para ejercer hoy en Cuba un periodismo ético se necesita una dosis de arrojo que le faltó a quienes atendieron mi caso en aquella sección, pero es Usted el responsable máximo de que su diario silencie un ejemplo de abuso de poder tan escandaloso. Más allá de que se trate de mi asunto en particular, lo grave aquí es la evidencia inobjetable del modus operandi del sistema para “resolver” las diferencias de criterio y que se deja en claro que las pretendidas ínfulas de transparencia y apertura a las críticas tienen límites bien demarcados por el poder mismo que las canturrea.

Pero sinceramente no esperaba otra reacción. De un diario de ocho páginas que, durante meses, se diera el lujo de dedicar hasta cuatro páginas íntegras a reproducir aquellas “Historias de Generales” – ya publicadas en un libro 10 años antes – no puede esperarse nada más. Tiene ante sus ojos un país en ruinas, que tiene la corrupción política y administrativa a la orden del día, pero su periódico, incluida “Cartas a la Dirección”, se mantiene acunado en la complicidad de un silencio que lo hunde más ante el pueblo que debería servir y que es el protagonista del drama real que en la calle acontece.

Ya la Historia emitirá su juicio, pero por lo pronto aquí tienen las facultades universitarias un ejemplo elocuente de lo que jamás debe ser un periodismo que se respete. La suya es la antítesis de la prensa que necesita imperiosamente este pueblo, en este preciso momento de crisis socioeconómica, pero sobre todo moral; la antítesis de la prensa que exige cuanto queda de auténtico de la Revolución, la que reposa en el pecho del hombre que la sabe traicionada por los oportunistas que hablan en su nombre para burlarse luego entre bambalinas, al tiempo que “periodistas” como los que hoy desestiman mi caso contemplan y callan.

Una sociedad que se prive de esa estructura de saneamiento que debe ser la prensa libre y comprometida, incuba ya todos los gérmenes de su autoaniquilación. En nuestra realidad, que pasa ante los ojos cerrados de sus “periodistas”, están creadas todas las condiciones para que se posesionen cómodamente los corruptos impunes y las mafias políticas. ¿Cómo no sucedería donde los mecanismos de inmunidad social no funcionan? ¿A quién puede dirigirse el ciudadano, en caso de tener pruebas concretas de la corrupción de un dirigente histórico, hipotéticamente hablando? ¿A la Fiscalía General que igual calló ante mi caso? ¿A su diario, para que Usted traslade su escrito al Consejo de Estado, donde lo recibiría el mismo corrupto al que denuncia?

Muy pocos países pueden parangonarse de haber mantenido durante tanto tiempo una censura de prensa tan hermética. Pero como Granma es el Órgano Oficial del Partido Comunista en el poder, cuyo interés parece ser que todo permanezca estático, decidí dirigirme a otras publicaciones que, como Granma, también decidieron hacer mutis. Esto demuestra que la censura de prensa en Cuba es absoluta y sistémica, y persiste como una de las piedras angulares que necesita el poder para mantenerse en pie.

Pero, sólo por curiosidad: ¿qué parte de mi historia les pareció más impublicable? ¿La denuncia a la inequidad que sufrimos los profesionales cubanos de la Medicina con relación a otros sectores? ¿Los míseros salarios que recibimos después de décadas de consagración? ¿Que la propia Dirección del Sindicato Nacional de la Salud orquestara aquella falsa para proponer la expulsión de dos de sus afiliados del Sistema Nacional de Salud por dirigirse a su ministro? ¿Que el intocable José Ramón Balaguer nunca se dignara a responderle a aquellos 300 trabajadores? ¿O que después de entregados aquellos documentos en el Consejo de Estado y en el Comité Central, todos mintieran a manos llenas a falta de un motivo legítimo para castigarnos? ¿Acaso fue el bochornoso silencio que mantuvo la Fiscalía General ante este evidentísimo abuso de poder, plagado de violaciones a la legalidad? ¿Fue tal vez la indiferencia del Parlamento, que nunca se molestó en investigar el caso a través de sus comisiones permanentes? ¿O las tantas veces que, ya inhabilitados, nos dirigimos al Consejo de Estado y al Comité Central del Partido sin recibir una respuesta? ¿Cómo denunciar que cada una de las decenas de veces que estas instituciones no respondieron, violaron el Artículo 63 de la Constitución Socialista vigente? ¿Cómo mencionar, junto al del exministro Balaguer y de los defenestrados Carlos Lage y Carlos Valenciaga, los nombres de Ricardo Alarcón, Esteban Lazo, del Comandante Juan Almeida Bosque, del actual Ministro de Salud Pública Dr. Roberto Morales, del Vicepresidente José R. Machado Ventura y del Presidente Raúl Castro Ruz, para decir que todos tienen pleno conocimiento de esta atrocidad sin que hagan nada al respecto? ¿Qué hacer con todos estos grandes nombres en medio de tanta indolencia, de tanto despotismo? ¿Los emplazaría su diario por tráfico de influencias, o por prevaricación?

Es evidente que este caso es demasiado incómodo para ser publicado. Sobre todo teniendo en cuenta que “Cartas a la Dirección” se dedica de modo exclusivo a emplazar a funcionarios de Granma hacia abajo – entiéndase Directores de Empresas, funcionarios de niveles municipales o provinciales, incluso algún que otro ministro en desgracia – pero jamás cuestiona de Granma hacia arriba; allí son intocables, infalibles, eternos. Sería impensable que su publicación enfrentara a la cumbre del Gobierno, del Partido, de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. No soy tan ingenuo como para desconocer lo que es un hecho consumado: que la gran prensa nacional ocupa páginas completas para tratar el bache de la esquina de Tejas o el pan crudo en la panadería de Toyo, pero nunca encuentra lugar para enjuiciar los trascendentales errores que se cometen en la cima del poder y que han llevado a la ruina a este país; las políticas absurdas seguidas por décadas con el beneplácito del Comité Central y la aprobación unánime de un parlamento que nunca refuta nada.

Por supuesto que semejante prensa dejará en el tintero esta perturbadora historia sobre dos médicos inhabilitados hace cinco años por canalizar ante su ministro el criterio de 300 trabajadores, porque entonces habría que hablar además sobre los sueldos miserables de sus profesionales; sobre las guardias médicas no retribuidas; sobre aquel insultante “aumento salarial” de 2005 anunciado por Fidel Castro ante los rostros lívidos de cientos de trabajadores de la salud; sobre la inatención a que ha sido sometido nuestro sector; sobre las pésimas condiciones de trabajo y sobre la falta de voluntad política de los dirigentes de este país para cambiar semejante estado de sometimiento a que se nos mantiene sujetos mediante resoluciones ministeriales que vulneran gravemente nuestros derechos ciudadanos.

Señor Director: De todo esto habría que hablar para publicar nuestro caso, y dudo muchísimo que alguien en la “gran prensa cubana” reúna suficiente coraje, ni antes ni después de estas palabras, para ir tan lejos.

En espera de su respuesta:                                               El Ciudadano Cero.

Ser o no ser.

Foto de Orlando Luis Pardo.

En el eterno dilema, ser o no ser, está la disyuntiva capital que se evidencia en la vida de todo cubano desde el 26 de julio de 1953. Esta fecha inició una etapa de lucha que puso en tensión a la sociedad cubana de aquel momento. La verticalidad que impuso aquella generación a la empresa condujo al triunfo de 1959, colofón de una gesta que contó con el concurso de la mayoría de los sectores sociales de la Cuba de entonces. La Revolución triunfó en medio de un júbilo popular absoluto, con el apoyo incondicional de más del 90 % de la población. A ello coadyuvó el descontento engendrado por la profunda crisis política y social en que hundió al país Fulgencio Batista y su horda de asesinos y corruptos, llegados al poder con el golpe militar de marzo de 1952. Esto, junto a una tradición de lucha que se extendió a lo largo de la primera mitad del pasado siglo, fue creando las condiciones para el derrocamiento de aquella dictadura. Luego del triunfo se iría perfilando gradualmente un discurso oficialista cada vez más radical que condujo, entre otras consecuencias, a lo que yo llamaría el gran error de la Revolución cubana: la “ofensiva revolucionaria” de 1968, mediante la cual el gobierno de Fidel Castro “intervino” – o sea, confiscó – todas las pequeñas empresas y negocios familiares, incluidos los cajones de limpiabotas. Esto privó definitivamente a la Dirección política del país del apoyo de aquel sector nada despreciable de la población; pero ya este asunto es un poco más complejo y merece su propio post.

Precisamente por lo traumático de la historia acontecida, siempre me asalta la incredulidad cuando escucho a un cubano de hoy asegurando que no opina en política, como si esto fuera posible en una sociedad tan polarizada como la nuestra, donde no existe prácticamente nadie que no tenga un familiar, un amigo o un conocido, que no haya perdido su negocito, se haya lanzado al mar buscando huir o haya sufrido de alguna forma la falta de garantías civiles. Opino que la propia naturaleza gregaria y pensante del hombre, le impone elaborarse un criterio sobre toda cuestión social, por supuesto que a partir de su intelecto, de su bagaje cultural y del grado de información de que disponga. Que luego este individuo no se atreva a asumir una militancia activa o de crítica frontal, eso es harina de otro costal, pero casi siempre conforma su propio juicio.

Aunque siempre estarán los enajenados, aquellos que oscilan al vaivén de las circunstancias como las algas en el fondo marino. En este fardo entran tanto el fanatismo del militante comunista, que se niega a aceptar la evidencia delante de su nariz, como la “altísima religiosidad” del creyente, que le impide inmiscuirse en cualquier asunto relacionado con las “cosas del mundo” pues contaminaría sus manos salvas. A estos habría que sumar aquellos oportunistas que saben que de abrir la boca perderían su tajada del pastel, o a los que simplemente miran con indiferencia cómo este país se viene abajo, sin inmutarse a mover un músculo como no sea para tantear su bolsillo o para revisar el lustre de sus acrílicas. Todos ellos, sin embargo, protestan en la intimidad de su cocina ante la caldera vacía, o ante los mil rostros que le muestra la miseria, pero son incapaces de manifestarse públicamente, ya sea por indolencia o por simple cobardía.

En este punto entramos en el tema de esa doble moral que hunde a más de un cubano hasta el cuello en el estiércol. De este modo, aquel que llega a cuestionar a un médico por hablar con sinceridad sobre su salario ganado honradamente, puede ser el mismo que defalca las finanzas de una empresa estatal, o malversa los recursos del pueblo desvalijando la mercancía de un almacén. De hecho, una parte considerable de los administrativos, a todos los niveles de dirección, son militantes comunistas en activo, y por lo mismo, en cada lugar donde estalla un escándalo de corrupción siempre existió un “combativo” núcleo del Partido y un Sindicato que nunca vieron venir a los corruptos, pero que – ¡vaya paradoja! – se escandalizan si 300 trabajadores firman un documento y lo entregan en su Ministerio. Pero a todos esos que defalcan, desvalijan o malversan, suele vérseles más tarde batiendo banderitas y voceando consignas en los desfiles de la Plaza.

Así, entre la utopía de los sueños y el desencanto de la realidad, entre el ser y el no ser, vemos cómo va disipándose la promesa del hombre nuevo. Tal vez porque ese hombre – no cubano, no anglosajón, no comunista ni cristiano, sino el hombre género – aún no está listo para emanciparse de su egoísmo, para tender la mano a cambio de nada, sólo por el puro regocijo de servir. Algún día llegará la eclosión espiritual y renacerá por fin la excelente criatura, hija del hombre y de Dios, pero mientras tanto habrá que recordar a cada paso aquella lapidaria sentencia de nuestro Martí, previsor y sublime, cuando decía que “… los pueblos están hechos de los hombres como son y no como deberían ser.”

El paso de la Virgen.

Obra de Yordanis Garmendía.

Durante el día de ayer, a los pobladores del municipio de Guanajay los llenó de regocijo la llegada de la imagen de la Virgen de La Caridad a su ciudad, como parte de un peregrinaje que comenzó el pasado 8 de agosto en El Cobre, y la ha llevado a visitar múltiples ciudades cubanas. Esta peregrinación, que ya suma 27000 kilómetros, algo sin precedentes en la etapa revolucionaria, concluirá el próximo año, cuando se cumplen cuatro siglos del hallazgo de la imagen de la Virgen de La Caridad del Cobre sobre las aguas de la Bahía de Nipe. En nuestro territorio, como en el resto del país, fue recibida con profundas muestras de devoción y respeto.

La que hoy nos visita, de la Iglesia de Santo Tomás, en Santiago de Cuba, fue testigo del bautismo de los Maceo y tiene estirpe mambisa. Ayer acompañó a su pueblo a la manigua en la lucha por su libertad contra el colonialismo español; el mismo pueblo cubano que hoy se abre una vez más a su fe y le pide un futuro mejor para su patria. La Virgen que supo entonces del dolor de la guerra, de la sangre que teñía sus campos amados, del clamor del cubano que murió para no vivir esclavo; hoy se asoma con humildad al hogar del pobre, a la celda del recluso, a la cama del enfermo, a la esperanza de un pueblo desposeído que todavía clama por su liberación inconclusa.

Todos recordamos con júbilo aquel histórico día que la imagen de la Patrona de los cubanos fuera coronada por el Papa Juan Pablo II durante la memorable homilía pronunciada en la Santa Misa dedicada a la Virgen el 24 de febrero de 1998, en la Plaza “Antonio Maceo”, también en Santiago de Cuba.

Por algún ¿capricho del azar?, llega la Virgen a Guanajay justo el día que se cumplen 5 años de que fuera yo notificado oficialmente de mi inhabilitación para el ejercicio de la Medicina, el 2 de octubre de 2006. En el momento que se publican estas palabras, la imagen de la Virgen es venerada por el pueblo de Artemisa; permanecerá tres días en esta ciudad y luego continuará su peregrinar hacia la vecina Candelaria.

Madre: El pueblo cubano eleva su plegaria para que se produzca el milagro de la redención. Líbrenos del odio para que la libertad de Cuba llegue a través de caminos de prosperidad, reconciliación y paz. Ruegue, Madre, por nosotros. Amén.

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