“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Por: Jeovany Jimenez Vega

Si usted está medianamente informado sabrá que los 11 millones de cubanos que vivimos en Cuba estamos sujetos a la prohibición de viajar libremente al extranjero. En este caso no se trata de una decisión personal, sino que Usted tendrá que ser autorizado invariablemente por una institución del Ministerio del Interior con potestad discrecional para otorgar o no su “permiso de salida”; privilegio devenido en material de chantaje, en prebenda otorgada a quien se mantenga “tranquilo” y negada como ejemplarizante castigo a los irreverentes. Coloque sobre esta prohibición general la Resolución 54 del MINSAP, diseñada específicamente para los trabajadores de la Salud Pública, y tendrá delante un panorama desolador.

Pero volviendo a nuestro ejercicio mental, aquí tenemos meditabundo a nuestro médico que tiene prohibido viajar al exterior, que no puede sostener a su familia con su salario evanescente, que no puede pasar a trabajar a otro sector mejor remunerado pues lo tiene prohibido por Resolución y con un Sindicato decorativo, plegado a las órdenes de la Administración y del Partido, a través del cual no podrá canalizar nunca la solución de estos problemas medulares pues ni por enterado se da de los sueldos miserables, ni de las pésimas condiciones de higiene y alimentación, sumadas a la carencia de recursos y medicamentos en que discurren, salvo felices excepciones, las guardias médicas en nuestros policlínicos y hospitales; guardias por las que nuestro médico, dicho sea de paso, no recibe ni un centavo. Entonces nuestro pensativo galeno sólo encuentra una salida, y elige resignado la única puerta que le dejaron abierta: solicitará formar parte de alguna de las misiones médicas que sostiene nuestro solidario gobierno en decenas de países. Sólo toma llenar los documentos de rigor, y pasados unos meses o pocos años, aquí tenemos a nuestro doctor dejando su consultorio u hospital para atender solícito a los pobres del mundo.

Creo en la solidaridad humana como creo en la luz del sol, pero en la vida hay que discernir el lustre del oro del brillo de los espejos. Cuando un médico, estomatólogo o tecnólogo de la salud cubano sale a una misión de trabajo en el extranjero, al margen de cualquier valoración moral, lo hace bajo circunstancias incontestables. Este trabajador, que hasta ese momento se vio privado de un salario decoroso, ahora en su misión cobrará entre 300 y 400 dólares mensuales mientras su familia en Cuba que bajo ningún concepto, le es permitido llevar consigo recibirá íntegro su salario en CUP, más $50.oo CUC. Aunque bajo determinadas circunstancias puede llegar a cobrar algo más según el país de destino, esta cantidad no pasará nunca de entre el 15 y el 20% de lo pactado entre países. Esto es un cálculo aproximado, pues esta información es prácticamente inaccesible, pero lo cierto es que alrededor del 80 % de lo que nuestro médico genera sólo en concepto de salario contratado, sin contar análisis complementarios, estudios radiológicos, etc. que son también generosamente cobrados va a parar a las arcas del Estado cubano para ser administrado por humanos funcionarios. Mientras tanto, el trabajador recibe en muchos casos un salario inferior al mínimo legalmente establecido para el nativo de aquel país. Cuando el trabajador regresa a Cuba, finalizada su misión de trabajo, vuelve a estar sujeto como buen cubano a la prohibición de viajar. Aquel profesional que abandone su misión será invariablemente tratado como un traidor, no se le permitirá jamás entrar a Cuba y no verá crecer a sus hijos que aquí quedaron; ni siquiera será autorizado a entrar en caso de enfermedad o muerte de un ser querido.

Ahora pongamos atención en un dato revelador: la contratación de servicios médicos le ha reportado al gobierno cubano durante la última década decenas de miles de millones de dólares, con lo cual hace años pasó a ser el primer renglón exportable de este país. Las desinteresadas misiones médicas que exporta nuestro gobierno a los pobres del mundo, durante la última década generaron ingresos de entre 5000 y 8000 millones de dólares anuales seguido muy de lejos por el turismo con 2000 millones esto sólo en la exportación de servicios, mientras en la exportación de bienes, nuestros profesionales de la industria farmacéutica y biotecnológica la colocan como tercer renglón exportable, sólo superado por la industria del níquel y la de derivados del petróleo. Tenga en cuenta, en primer lugar, el enorme dividendo económico que esto implica; en segundo lugar el evidente, y no menos importante,beneficio político, que perfuma de Mesías a nuestro gobierno y granjea votos en los foros internacionales. Súmele, en tercer lugar, el efecto de contención, de válvula de escape que distiende los ánimos del trabajador que se sabe atropellado, pero que se ve compulsado a esperar pacientemente el otorgamiento de una misión en el extranjero que multiplicará por 20 o 40 veces sus ingresos durante dos o tres años a condición de que permanezca en silencio. Para los contestatarios, para los proscritos, nunca habrá lugar entre esa masa de internacionalistas que en este momento suma alrededor de la mitad de nuestros médicos en activo lo cual, por cierto, resintió la calidad de la atención médica a la población cubana.

Toda sociedad humana es un complejo sistema de relaciones que exige el ajuste de un mecanismo de relojería y debe premiar el esfuerzo personal, porque así se fomenta el respeto al valor del trabajo honrado. En ese sistema cada cual debe tener un lugar bien definido. Si bien el rol de nuestro médico es velar por la salud y la vida humanas, el de los altos dirigentes de este país debió garantizar el diseño estratégico de una sociedad equilibrada y funcional y esto, sin dudas, no lo lograron después de 50 años de proyectos y congresos. No sólo fallaron en su diseño, sino que lo hicieron estrepitosamente. Los apologistas hablan sobre “gratuidades” en educación y salud, pero sin pretender deslustrar al sol por sus manchas, les digo que esto es sumamente relativo, pues el dinero que no me cobran en la escuela o en el hospital, me lo desangran en las tiendas CUC con una absurda política de precios extremadamente abusiva, que vende hasta al 500 o al 1000 % de su precio de compra cualquier bisutería. Además, garantizar la educación y la salud del pueblo no es un gesto de buena voluntad, sino una obligación del Estado. No hay que olvidar que durante toda su vida a nuestro trabajador se le rebaja el 33% de su salario, que deja de percibir precisamente para garantizar su Seguridad Social. De este sombrío asunto apenas se habla en mi país.

Llevo las manos limpias y gusto de cuentas claras, por eso más vale que quien pretenda juzgar se ahorre lecciones de patriotismo. Estoy con todo lo justo y auténtico de la Revolución necesaria de 1959, pero no puedo aplaudir lo que aquí condeno, porque si no se respeta el derecho del hombre, ya no queda nada que defender. Estoy con la Revolución, pero nunca comulgaré con sus errores, ni con conatos de demagogos y oportunistas. Soy médico, cubano, vivo en la Cuba real y difícil, no en la de los telediarios y no deseo emigrar. Graduado desde 1994, especialista en Medicina General Integral desde 1998, Residente de tercer año en Medicina Interna hasta abril de 2006 cuando, cursando su último año, fui suspendido del estudio de esa especialidad y luego inhabilitado para el ejercicio de la Medicina en Cuba por tiempo indefinido en octubre de 2006, junto a un compañero de trabajo, el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa. ¿La razón? muy simple: hace casi 6 años, el 11 de noviembre de 2005, mi compañero y yo tuvimos el “atrevimiento” de enviar una carta al Ministro de Salud Pública, respaldada por la firma de 300 trabajadores, para hablarle sobre nuestro indecoroso salario. La ancestral intolerancia a que ya se nos acostumbró, hizo que la cúpula reaccionara como si hubiésemos lanzado un Molotov. Aterrorizados por aquel pequeño consenso, hicieron lo que mejor saben hacer: sofocar por la fuerza cualquier gesto de discrepancia. Nunca respondieron, fueron inescrupulosos y brutales. Los detalles de esta injusticia están en pleno conocimiento de todas las instancias centrales competentes incluida la Fiscalía General de la República, sin que nadie hiciera nada por repararla.

Soy uno más entre decenas de miles de médicos cubanos que viven todos los días bajo esta ultrajante realidad. Vivo bajo un gobierno que me privó del derecho a ejercer mi profesión por consideraciones políticas, que censura sistemáticamente mi opinión, que me priva de mi derecho a viajar libremente, que no respeta mi derecho a recibir información de primera mano y que me niega en pleno siglo XXI el acceso a Internet, todo lo cual da una idea de cuan retrógrado se llega a ser cuando se le teme al libre pensamiento del hombre. El gobierno que consuma esta violación flagrante de los derechos de millones de cubanos ocupa hoy nada menos que la Vicepresidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Si usted tuvo paciencia para leer hasta aquí, ya tiene una visión más aproximada de lo que viven nuestros profesionales de la Salud Pública. Ya pertenezca al grupo de las apologías o al de los puños crispados, sepa que es esta la Cuba que Usted aplaude o condena tan fervorosamente según le dicte su conciencia.

About these ads

Comentarios en: "Crónica de Esculapio en Cuba (II)" (2)

  1. [...] país. ¿Cómo olvidar a esos miles de excooperantes del sector de la Salud Pública cubana, que agobiados por un salario espurio y las penosas condiciones de vida, y no encontrando en absoluto otro medio de emigrar, decidieron [...]

  2. [...] Crónicas de Esculapio en Cuba I Me gusta:Me gustaBe the first to like [...]

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 769 seguidores

%d personas les gusta esto: