“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para julio, 2011

Dos leyes en Cuba.

Orlando Luis Pardo

Existen en Cuba dos leyes: la primera, escrita en tinta, la segunda, en frustración y dolor. La primera, un simbolismo que descansa sobre los papeles estériles, en la Constitución de la República y en los Códigos Legales que le cuelgan, que presuntamente atañe a todos los cubanos, sin distinción de ningún tipo, y en su espíritu romántico, teóricamente, nos iguala a todos en potestades y derechos; es la citada por ese ejército de grandes, medianos, pequeños y diminutos dirigentes, siempre en tono muy trascendental, como la culminación del sueño de los próceres, la de las primeras planas de Granma, la que ensalza los vibrantes discursos, la que pareciera tocarse con la mano desde la tribuna o el estrado, o desde el confort de las altas oficinas; la que jura que “…Todo ciudadano tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a recibir la atención o respuestas pertinentes y en plazo adecuado, conforme a la ley.”(*)

Pero existe una segunda ley, no escrita pero vinculante con la realidad; es la del abuso impune y despectivo, la del cómplice silencio de la autoridad que simula no enterarse de las atrocidades, la ley que aplasta a quien aspira a ejercer sus derechos como únicamente se pueden ejercer: de forma inconsulta y natural. Una ley que no está escrita, pero basta que el poder desde su cumbre frunza el ceño y todas las instituciones y aquellos trascendentales dirigentes se pliegan en el acto. Más sin embargo, se pliegan las sucursales del poder, pero se resiste el hombre libre.

Si sucede entonces que por haber ejercido el derecho arriba referido (*) dos médicos son privados de ejercer su profesión por algo que no hicieron – de lo cual tienen las pruebas – y luego su Sindicato los traiciona, ayuda a armar una mentira y empapela a sus propios afiliados; si estos trabajadores se dirigen más de una docena de veces a su Ministro sin recibir jamás una respuesta; si la Fiscalía General de la República hace la vista gorda ante la evidente inconsistencia de las acusaciones, que nada tienen que ver con la verdad de los hechos; si los culpables viven felizmente impunes: ¿cómo queda, sino patas arriba, la presunta legalidad de este país?

Lo más grave es que no se trata aquí de un atropello selectivo, del ensañamiento puntual de un oscuro funcionario contra dos trabajadores, pues de ser así no se contaran ya sobre nosotros cinco años de consentidas afrentas. Lo realmente grave es que persiste un Estado de No Derecho que propicia que injusticias así queden impunes, que le permite a alguien abusar de su poder en detrimento del derecho ajeno con la desfachatez más absoluta en cualquier lugar de Cuba, en cualquier momento y contra cualquier inocente. Quien así procede – igual quien lo permite – traiciona el legado de los próceres, traiciona a su pueblo y ensombrece el futuro de la patria.

Todo lo confirma: la ley “oficial” escrita quedó empolvada en el fondo del archivo, mientras la ley real campea por sus respetos, y como espada de Damocles, gravita amenazante sobre el pueblo de Cuba.

(*) Artículo 63 de la Constitución Socialista Cubana vigente.

¿Apertura o espejismo?

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Hace varios días el Gobierno cubano eliminó por fin la prohibición a la compra – venta de viviendas y autos entre personas naturales, dejando atrás dos medidas tomadas a comienzo de la década del 60, que si en algún momento fueron realmente necesarias – algo que dudo – con el tiempo se tornaron sumamente impopulares. Aun así, estas joyas paleolíticas persistieron durante medio siglo. Pero más vale tarde que nunca: ahora todo se hará únicamente entre las personas interesadas, gestión notarial mediante, sin que se interponga entre ellas todo aquel tropel de absurdos que hicieron imposible una gestión tan simple como canjear legalmente un auto o un apartamento. Aunque de momento no se le permite al cubano de a pie comprar un auto nuevo en una agencia – al menos no se menciona – sí reconozco el paso de avance y pudiera pensarse ¡del lobo un pelo! Pero creo, sin embargo, que esta moneda tiene dos caras y es bueno recordarlo para evitar los espejismos.

Esencial es que el Gobierno cubano entienda que reconocer un derecho no lo exime de reconocer otro derecho. Durante el período que siguió a la enfermedad de Fidel Castro, momento de relativa incertidumbre, cuando dentro o fuera del país pudo temerse a un vacío de liderazgo, se liberó la venta de equipos de video como reproductores de VHS y DVD, de ordenadores personales y otros artículos prohibidos hasta entonces y se autorizó a los cubanos su entrada por la Aduana. Algo más de un año después, aunque mediando tarifas inalcanzables, se “autorizó” al pueblo cubano la entrada a sus propios hoteles – algo que le fue vedado durante más de 20 años – y se le autorizó el uso de la telefonía móvil, también a precios prohibitivos. Hace algunos meses, en medio de la política de despido laboral masivo de medio millón de cubanos, el Gobierno abrió las puertas al trabajo por cuenta propia, ¿intentando distraer la atención pública de aquella penosa coyuntura? Ahora, durante el quinto año de gobierno de Raúl Castro, se libera la compra venta de autos y viviendas.

Todas estas prohibiciones tuvieron algo en común: jamás debieron dictarse, fueron siempre en detrimento del desarrollo del individuo y de la sociedad en su conjunto. Pero un patrón sí salta a la vista: la estrategia de liberar a cuentagotas las decenas de restricciones absurdas acumuladas durante cinco décadas – donde tienen suficiente tela para cortar – y así exportar una sensación de apertura, sin verse precisados a liberar los derechos más trascendentales y que más urgen a su pueblo, entiéndase: libertad para viajar al extranjero, libertad de opinión, libertad de reunión, acceso a Internet sin censura y derecho a la pequeña y mediana empresa de todos los cubanos de dentro y fuera de la isla, cuando menos en igualdad de condiciones con los inversionistas extranjeros, en fin, garantizar un Estado de Derecho donde no se excluya a ningún cubano por ningún motivo.

No existe una libertad a medias, y quien aspire a ser auténticamente libre no se andará con medias tintas: estos derechos deben quedar claramente contemplados en la Constitución, y nuestro Gobierno debe garantizar su libre ejercicio mediante leyes oportunas de carácter vinculante, que protejan plenamente al ciudadano común de cualquier forma de abuso de poder. Mientras así no sea, nada está garantizado, pues basta un cambio en la dirección del viento o una variación del ciclo lunar que altere los humores en el Olimpo y todo se desploma. De cualquier modo, prohibirme usar un móvil o un DVD puede ser una ridiculez, pero privar a todo un pueblo de aquellos derechos durante medio siglo es casi un acto de genocidio. Es plausible que el Gobierno cubano elimine estas prohibiciones, siempre y cuando no considere que por esto puede continuar privándonos de otros derechos medulares. Si bien estas medidas eliminaron obsoletas trabas, el feliz razonamiento que nos condujo hasta aquí debe extrapolarse a todo aquello que merme cualquier derecho inherente a la condición humana. He ahí el único camino a la legítima apertura.

A Reinaldo Taladrid…sin telescopio.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Su artículo publicado en Granma el pasado 20 de mayo me hizo reflexionar. Por su ágil conducción de programas televisivos y por su extensa participación en las mesas redondas de Cubavisión, se aprecia que es un hombre inteligente. Sin embargo, Usted y yo pareciéramos vivir en el mismo país pero en realidades paralelas, como las descritas en los documentales de su “Pasaje a lo desconocido”. Sorprende que su lucidez no le alcance para discernir un grupo escandalosas evidencias en la realidad cubana de hoy.

Primero que todo, estará consciente de que viajó a Limerick gozando de un privilegio que le es negado de modo tajante a millones de cubanos, que asistió a aquel evento autorizado por el Gobierno cubano sólo porque está seguro de que defendería allí su conocida posición. Siendo Usted un afamado periodista, seguramente sabe que en caso de ser un proscrito jamás sería autorizado a viajar – ejemplos concretos sobran – y mucho menos continuaría en el flamante team de las mesas redondas. Alguien intuitivo como Usted, sabe que sería molido automáticamente en la trituradora de la censura y que su vida se vendría abajo.

Ante el inquisitivo locutor de “Limerick Live” argumentó que Cuba “…Tiene muchos problemas de diverso tipo como cualquier país…”, aquí me detengo y le digo: señor mío, Usted sabe bien que Cuba tiene problemas sui generis, derivados de la voluntad política de sus gobernantes, problemas que no se encuentran, de ningún modo, en “…cualquier país…” así de fácil. El nuestro es un caso único en muchos aspectos. Usted, que ha gozado del privilegio – que no del derecho – de viajar al extranjero en sobradas ocasiones, conoce que la prohibición de viajar, la carta de invitación y el permiso de salida son engendros esencialmente criollos, tan endémicos como nuestro zunzún; que en Cuba un ministro puede deshacer una familia durante más de 5 años como quien se bebe un vaso de agua; que Cuba está entre los países con menor cobertura de Internet sin ninguna causa insalvable que lo justifique; que Cuba sufre una atroz censura de prensa comparable con muy pocos países a nivel mundial; que en Cuba el individuo no elige en qué forma opinar u organizarse pues sólo el gobierno y un único partido deciden la forma legal para hacerlo y se arrogan el derecho de ignorar o reprimir cualquier intento que consideren desmarcado de su línea.

Usted hizo referencia al turismo cubano con orgullo y tal vez debió evadir el asunto, pero su sagacidad lo traicionó. En este espinoso tema el gobierno cubano debería avergonzarse por su política de segregación turística, que vedó durante más de dos décadas a los cubanos la entrada a los hoteles en su propio país, en tanto hoy, cuando por fin “se les permite”, es pagando una extorsiva tarifa ¡equivalente al salario íntegro de todo un año de trabajo por una habitación durante un fin de semana! Decir que esto tiene en cuenta al pueblo trabajador rezuma cinismo por todos los costados… aunque no olvido que Usted dirigía la invitación a oyentes extranjeros, y en ese contexto debió verlo como algo muy natural.

En cuanto a los oyentes que le apoyaron telefónicamente en Limerick, viviendo en Irlanda, lejos de los rigores del trópico, individuos que muy probablemente acceden libremente a Internet, ganan un salario más o menos decoroso, alimentan decentemente a su familia, pueden reunirse y opinar como lo deseen sin ser expulsados de su trabajo por ello, alquilar el hotel que alcancen a pagar (con la misma moneda que reciben su salario) sin quedar en la ruina y que con toda seguridad pueden viajar al extranjero sin que nadie se lo prohíba ¿qué les puedo decir? No tengo otra cosa que invitar gentilmente a toda esa gente “…honesta, aunque desinformada…”, a que solicite la ciudadanía cubana y se mude a La Habana sin Internet – no a los palacetes “high” de Siboney, sino a un costumbrista solar de Centro Habana – y que con una frugal libreta de abastecimiento y un salario mensual equivalente a $ 20.oo USD intenten sostener a su familia; si se abrumaran demasiado y desearan viajar al extranjero sin ser, por ejemplo, un funcionario estatal en misión de trabajo o un periodista invitado a un conversatorio, no serán autorizados nunca sin pasar antes el Niágara en bicicleta. ¿Qué se concluye?… que desde Irlanda cualquiera aplaude.

Como ve, Taladrid, los problemas que agreden los derechos civiles de los más de 11 millones de cubanos son tan descomunalmente innegables, graves y masivos, como para que nadie precise de la exquisitez tecnológica del Hubble, porque en este mismo instante invaden la vida de todos los cubanos, incluida la suya, pues si por error discrepara frontalmente con una política dictada en el Olimpo, todas esas prebendas se esfumarían al instante.

Aquí le hablo pensando en el bien común y en la prosperidad de la patria. No cuestiono que Usted sea un patriota, pero para defender a esa Cuba bella, segura, culta y digna a la que se refiere, hay que defender primero que todo la libertad de quienes la habitamos, por lo que no es ético, ante esta grave situación, hacerse el desentendido y callar. Me cuesta mucho suponer, detrás del profesional cuyo trabajo admiro, a alguien insensible capaz de simulaciones y dobleces. Lamento si le parecí algo cáustico, pero es así la realidad que vivo y no encontré palabras más nobles para describirla.

¡Ah! Casi lo olvido, a propósito de fabricar pretextos… permítame presentarme: soy un médico cubano graduado desde 1994, inhabilitado junto a un colega para el ejercicio de la Medicina en Cuba desde 2006, por tiempo indefinido, por haber canalizado ante nuestro Ministro el criterio de 300 profesionales de la Salud Pública cubana sobre nuestro mísero salario – otro asunto que no precisa del Hubble – a raíz del irrespetuoso “aumento” salarial a nuestro sector a mediados de 2005. No lo abrumo con detalles. Dado que también goza Usted del privilegio de la Internet – algo que me es negado a mí, razón por la cual logro colgar estas líneas más de un mes después de ser escritas – puede hallar mi historia en el primer post de este blog que muestra cómo la élite en el poder, cuando no encontró ningún motivo legítimo para castigarme, fabricó el pretexto. Por favor, considere publicar nuestra historia en el periódico Granma, donde “…la verdad es el arma más limpia de los hombres”.

La nuestra no es más que una entre miles de historias, tan ciertas y evidentes que se verían desde el sol sin telescopio y sin embargo, ¡extraño sofisma!, parecen no distinguirse desde una mesa redonda en El Vedado. Le propongo dedicar uno de sus programas “Pasaje a lo desconocido” a esta paradoja; luego cada quien, según la realidad paralela en que viva, sacará sus propias conclusiones.

*Post Data: Este post debió quedar publicado desde los primeros días del pasado mes de junio, pero su autor, como todos los cubanos, no tiene derecho a acceder libremente a Internet y por razones ajenas a su voluntad no fue hasta hoy que pudo publicarlo. Todos los post de junio estaban previamente programados.

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