“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para junio, 2011

Dra. Sorelis Victores Castillo. ¿Por qué firmé?


Hace 6 años, cuando Fidel habló de aumentar los salarios, todos nos entusiasmamos mucho, pues después de varios años de carencias y necesidades esto vendría a refrescar nuestra economía en el hogar. Se manejaron aumentos sustanciosos, según el desempeño por cargos y grados de especialización. Llegó el momento tan esperado y a los estomatólogos sólo nos aumentaron 33 pesos (alrededor de $1.30 USD) al salario mensual. Los pasillos fueron testigos de los comentarios, de la ira y la decepción de todos. Mi esposo el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa y un colega y amigo el Dr. Jeovany Jimenez Vega, tuvieron la idea de redactar una carta exponiendo las necesidades de los trabajadores de nuestro sector, comparándolo con el salario de otros sectores como el SEPSA, por ejemplo. Por haberlos ayudado en la recolección de aquellas firmas, yo fui separada en aquel momento del cargo administrativo que ocupaba hacía varios años como Jefa de Servicios de la Clínica Estomatológica de Artemisa.

Me pareció muy justo firmar aquella carta, haciéndolo expresé mi forma de pensar, de esta manera me rebelé y por este medio pude conocer las burdas y sucias maneras con las que procede este gobierno y su partido por mantener su “Revolución”; “Revolución” que pregona democracia, justicia y respeto por los derechos humanos, “Revolución” que pregona que a cada quien paga según su desempeño, según su capacidad, “Revolución” que no cumple con lo que pregona. Como consecuencia de todo esto mi esposo y su amigo fueron inhabilitados para el ejercicio de su profesión desde finales de 2006. ¿Firmaría de nuevo esa carta? Sí lo haría 100 veces y firmaría también la carta que hicieron a título personal mi esposo y su amigo, en la que se detalla más cada problema y cada inquietud. Lo volvería a hacer. ¡No somos esclavos!

La cultura del leñazo

Foto: Orlando Luis Pardo

Algo muy grave sucede en un país donde la gente vive a hurtadillas y elude criticar las decisiones de su gobierno, donde los asuntos trascendentes se hablan en un susurro, vigilando el entorno con sigilo, por si las moscas; donde tantos no consideran el trabajo honesto como la única fuente moralmente lícita de ganar el pan que llevarán a la boca de sus hijos. Algo muy grave sucede en un país donde el Parlamento apoya unánime disposiciones en menoscabo del bienestar de su pueblo y mantiene intactas leyes cuyo sentido práctico caducó hace mucho tiempo. Algo muy grave sucede donde el sindicato traiciona su razón de ser y se convierte en la punta de lanza capaz de herir a su trabajador por la espalda; donde paradójicamente se legitima la golpiza como un modo de velar por la libertad del hombre.

Lo que es presentado por el Gobierno cubano como monolítico consenso, como apoyo unánime a su línea de pensamiento, no es otra cosa que ese miedo paralizante, que reduce al individuo a cero, apagada su voz por un poder abrumador ante el cual se sabe completamente desamparado. Porque si algo se ha vuelto típico en Cuba es la cultura del leñazo. Cada vez que han faltado argumentos convincentes para implementar determinada medida o alguna política… ¡allá va el porrazo al que se muestre reacio a alguna decisión así “democráticamente” tomada! De lo que digo, mi ejemplo es sumamente ilustrativo. Cuando el entonces Ministro de Salud Pública recibió aquella demanda de atención de 300 trabajadores de su sector con relación al salario, le hubieran bastado 5 minutos para dictar una respuesta de pocos párrafos, lo cual, al margen de su contenido, habría sido lo correcto, pero lejos de eso optó por no responder nunca y meses más tarde llegaba…¡el garrotazo de las cavernas! Por eso estoy aquí 5 años más tarde, inhabilitado aún, luchando por recuperar mi trabajo y denunciando aquella injusticia.

Ahora, conociendo al pájaro por su mancha en la rama, intuyo que preparan el terreno para neutralizar este asuntico de los bloggers. Como han demostrado reiteradamente que no saben resolver de otro modo las diferencias, no me extrañaría que en cualquier momento arremetan utilizando cualquiera de las variantes del ancho espectro que poseen, ya sea mediante la típica redada, mediante ataques individualizados, ya generando fricciones diplomáticas con alguna embajada que ofrezca una brecha de Internet al cubano privado a rajatabla de este servicio por su propio Gobierno. Cualquier excusa vendrá bien para sacarse esta puntillita del zapato. Algo me dice que están a punto de lanzar el zarpazo.

Una tarea difícil

Los espíritus sórdidos y mezquinos, cuando no son asistidos por la razón y detentan una posición de poder, suelen defender sus argumentos mediante la fuerza, ya usen la violencia física o la, peor aún, violencia psicológica, solapada y perpetua, aunque a la larga todas ellas suelen mezclarse y derivan en las más exóticas y variopintas formas de abusos de poder, sufridas por el ciudadano común desamparado ante los designios del Olimpo.

En una sociedad donde la división de poderes no es más que una utopía empolvada en los diccionarios, aquellos dioses tienen potestades ilimitadas sobre el común de los mortales, resultando de ahí que la impunidad sea uno de nuestros males endémicos. Aquí la autoridad recibe muchas veces la sacrosanta potestad discrecional para decidir el destino de un hombre según disposiciones susceptibles a lecturas subjetivas, donde nunca faltan artículos o incisos lo suficientemente ambiguos como para que en ellos quepa todo lo que estime el funcionario. Así fue como el exMinistro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer decidió procedente inhabilitar a dos médicos que le hicieran llegar el criterio de 300 trabajadores con respecto a su salario, aplicando el tercer POR CUANTO de la Resolución Ministerial 8 de 1977 que cito textualmente:

POR CUANTO: “Toda conducta de los profesionales o técnicos de la salud, que en el ejercicio de la medicina en sus diversas formas, sea contraria a los principios normas o valores, de carácter social, moral o humano que genera nuestra sociedad socialista en construcción, no solo puede resultar lesivaa la dignidad de los pacientes, a la sensibilidad de sus familiares y al crédito y prestación que este organismo por su función debe mantener ante el pueblo al cual está obligado a servir, sino quepuede poner en peligro la vida y en casos extremos provocar la muerte de los primeros con las consiguientes consecuencias que ello implica”

Incomprensiblemente aquel Ministro decidió que este documento, concebido claramente para sancionar hechos lesivos a la ética médica ocurridos durante el trabajo asistencial directo con el paciente o sus familiares, era aplicable a este caso. Como esto es una acusación sin fundamento posible, no es raro que las palabras “maltrato”, “paciente” o “familiar” estén ausentes por completo del documento que me inhabilita. Pero a pesar de todo, a aquel Ministro le bastó un plumazo para zanjar mi vida y privarme del derecho a ejercer la profesión que amo. Siempre será una tarea difícil defender un punto de vista cuando no se tiene la razón, pero él era un Dios elevado en su trono del Olimpo y yo sólo uno más del común de los mortales. Así funciona lo real maravilloso en esta islita del Caribe.

Posada del terror

Por: Jeovany Jimenez Vega.

El monstruo confiesa públicamente que derribó el avión de Cubana y que vive orgulloso de las 73 almas hundidas en el mar cuando en 1976, a sangre fría, consumó el crimen de Barbados, donde murió todo el equipo semiadolecente de esgrima que regresaba a Cuba con todas las medallas de oro centroamericanas. Confiesa también que organizó la cadena de atentados con bombas a hoteles y lugares públicos en La Habana donde murió Flavio, un joven italiano que estaba “en el lugar y en el momento equivocados” según palabras del asesino, pero igual pudieron ser mis hijos. Su desprecio por la vida también lo sitúa hace décadas enlutando a Venezuela, con las garras bañadas en sangre junto a los verdugos, bajo las siniestras alas del cóndor. Donde estuviera, engendró siempre la mayor dosis posible de sufrimiento humano.

A semejante asesino, consumado y confeso, recientemente un tribunal de El Paso, Texas, se negó a condenarlo ni siquiera por los cargos imputados inicialmente de mentir a las autoridades del país, con lo cual la bestia quedó absuelta de todos sus cargos y hoy camina satisfecho por las calles de Miami, limpio como una margarita, impune ante la ley norteamericana, como igualmente impune murió a finales de abril Orlando Bosch, su cómplice de Barbados. En el país que vio a John F. Kennedy, también en Texas, morir masacrado ante las cámaras de la televisión y que luego viera la investigación sepultada por el mismo poder que lo mató, nada debe sorprender; el mismo país que vio hundirse impunemente el World Trade Center, sepultando a miles de inocentes y que ahora trata de vender una píldora que no me trago: que Osama Bin Laden fue muerto por un comando de seals en un operativo digno de un guión Hollywoodense, para luego ser arrojado al mar o algo así, sin mostrar siquiera una foto del preciado trofeo. El poder a la sombra que perpetró semejantes afrentas al género humano es el mismo que hoy perdona al homicida de Barbados.

No dejo de preguntarme cuántos sombríos asuntos conoce Luis Posada Carriles, que le confieren semejante capacidad de chantaje ante la cúpula del poder norteamericano. De cualquier modo, no hay que olvidar que el ahora “respetable” señor, anduvo merodeando en Dallas justamente aquel trágico 22 de noviembre de 1963. Que permanezca impune este connotado terrorista es también un insulto a cuanto de digno pervive en el pueblo de Washington y Lincoln, de Martin Luther King y Malcolm X. No logro concebir estímulo mejor para el terrorismo mundial. A partir de ahora, cada nueva barbarie terrorista llevará también un poco del aroma de este criminal indultado en El Paso.

Pura dialéctica

Foto: Orlando Luis Pardo

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Raúl Castro acaba de reconocer, en el discurso inaugural del sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba, que uno de los problemas más urgentes que enfrenta la dirección del país es la ausencia de cuadros dirigentes jóvenes y con experiencia que los hagan suficientemente confiables para relevar a los dirigentes históricos en los cargos de Dirección más importantes del país. Esto es un riesgo que siempre se vio venir. Pero si hoy es una inminente realidad es, en gran medida, gracias a la estrategia seguida durante todos estos años por esa misma élite del poder político, que pareciera recién enterarse ahora del problema, de frenar en seco las intenciones renovadoras de los más jóvenes, ya fueran individualmente defenestrados, como el caso del exMinistro de Relaciones Exteriores Roberto Robaina o mediante las periódicas purgas, como la más reciente que hizo rodar, entre otras, las cabezas de Carlos Lage Dávila y del también exCanciller Felipe Pérez Roque.

Si algo nos enseña la vida es que en la medida que avanza en su edad, el hombre se torna cada vez más reacio a los cambios. Los viejos, por lo general, no varían sus puntos de vista, sus enfoques o la perspectiva de sus análisis. Hoy tenemos una pléyade de octogenarios al frente de los destinos de nuestro país, y en consecuencia vivimos una realidad congelada en los años 60. La nuestra es una sociedad anquilosada, en la que los tímidos cambios se suceden a paso de tortuga y persisten indefinidamente medidas dictadas a contrapelo de las necesidades de la mayoría de su pueblo en medio de un mundo que cambia vertiginosamente. No extraña que entre los temas llamados a debate en el Congreso del Partido ni siquiera se insinúan, por ejemplo, la liberación de los viajes al extranjero ni la apertura a la Internet; por lo que se infiere, pretenden que sigamos sujetos a sus rígidos esquemas de pensamiento, que procurarán perpetuar todo el tiempo posible, pues es un diseño que les ha resultado muy exitoso garantizando no la prosperidad de sus ciudadanos, pero sí un riguroso control sobre los aspectos más determinantes de su existencia.

Los dirigentes históricos de la Revolución tuvieron todo el tiempo del mundo, más de medio siglo, para concretar su proyecto; esto es un lujo que nunca pudo darse ningún otro gobierno sobre la faz de la tierra. Pero hoy, por fin se convencen de que nadie es eterno y que su tiempo se acaba y sólo ahora, después de gobernar ininterrumpidamente por más de 50 años, es que proponen que nadie ocupe ningún cargo público por más de 2 períodos de 5 años. Tendrán que reconocer que no supieron prever, que no confiaron a tiempo en la juventud, que por esto nadie les parece apto para el relevo inevitable de la antorcha. Pero, por ley de la vida, algún día tendrán que ceder el paso para que la sangre nueva trace nuevos destinos y esto es algo que no pueden evitar. Se trata de una cuestión de pura dialéctica.

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