“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Cubanos y punto

Foto: Orlando Luis Pardo.
Confieso que cuando me llegó la referencia por voz de un “alternativo”, careciendo de reseñas anteriores y a bordo del malentendido, abrí en zafarrancho de combate “La polémica digital”, de Elaine Díaz. Pero cuando me percaté del tono objetivo y conciliador que se percibe en su post
“Bogger y punto” depuse enseguida los yelmos de la guerra y entré desarmado a un discurso que parece sincero. Mi reacción inicial, aunque primitiva, tiene una explicación muy simple: demasiado déspota, demasiado hipócrita había lanzado antes improperios a mi puerta y cuando esto sucede, algo se endurece por dentro y fácil irrumpe el reflejo gutural de la batalla. Pero una vez en calma asumo la propuesta, porque para liberar a la bestia siempre tendremos tiempo, ya que todo puente de conciliación, una vez tendido, es un trofeo que este pueblo no puede darse el lujo de perder.

Sin embargo, creo que salvados los altibajos cualitativos que son naturales en toda congregación humana – y la blogosfera, aunque virtual, en cierto modo lo es – no encuentro que sea la regla, sino más bien la excepción, la falta de argumentos. Entre nuestros bloggers – que siguiéndola en su empeño no escindiría en bandos y también llamaría bloggers y punto – puede contarse más de un apasionado, ¿qué cubano no lo es?, sólo que cada cual jalonea en el sentido que le dicta su conciencia. Esa “guerra extenuante” de ambos bandos, no es otra cosa que el reflejo virtual de la que le han obligado a librar al cubano en la calle durante cinco décadas, dentro y fuera de la isla, dolorosa secuela de la querella entre los poderes de ambos lados del estrecho y que ha dejado ganancia para ambos – dinero para unos, alegatos para otros – mientras el pueblo cubano es el gran perdedor en este culebrón.

En el camino hacia la concordia debe ser el Estado quien lance el primer gesto, por ser el poder que dispone de todos los recursos, por ser la parte más fuerte, éticamente obligada a respetar a la más débil y por ser la que dispone la ley que apaga o atiza la brasa de la discordia. Aquí todo se resumiría al sentido común, porque si bien es improcedente la Ley de Ajuste Cubano, también es improcedente que se nos prohíba viajar al extranjero; si desacertada y anacrónica es esa política llamada bloqueo por unos y embargo por otros, que nos atenaza hacia afuera, igualmente lo es la excesiva centralización del Estado, que nos atenaza hacia adentro; si tendenciosa es la gran prensa mundial, lo es también, y en no menos medida, la prensa cubana; si es una inmoralidad mentir para indultar a Posada Carriles, también lo es inhabilitar a un médico por algo que nunca hizo, o sea, que al final ambas orillas son capaces de timar, y en lo que sube y baja la marea se nos escapa la vida.

El mundo experimenta hoy una tendencia de las vías alternativas y las redes sociales a ganar protagonismo, pero en Cuba parecemos ir en sentido contrario. No creo que la principal demanda de los bloggers sea el acceso libre a la red, ni que esto se equipare en calibre a la crítica situación de la vivienda, la alimentación o los salarios espurios. Partiendo del precepto de que la solución de un problema no implica dejar de luchar por la solución de otros, sí hay una diferencia esencial entre la Internet y el resto de estos asuntos: mientras los últimos demandarán de un lógico reordenamiento en la infraestructura física del país, de un descomunal despliegue de recursos y de inversiones a mediano y largo plazo, sin embargo, comparativamente, entregarle al pueblo las llaves de Internet sería como chasquear los dedos; implicaría una inversión inconmensurablemente más discreta, posible a corto plazo, de hecho sólo requiere reordenar la infraestructura mental de quienes toman las decisiones, es cuestión de pura voluntad política, y negar este derecho al pueblo, a estas alturas de la historia, es puro oscurantismo medieval.

Al lugar donde me conecto una vez a la semana – donde nadie me cobra, nadie me paga y nadie me censura – llego después de tres horas de viaje, me toma ocho horas en total poder colgar este mensaje, algo que en mi casa tomaría ocho minutos. No es pecado, ni me molesta, que los “bloggers revolucionarios” accedan a la red global, pero sí es un pecado capital negárselo a los “alternativos” – como al resto del pueblo – sobre todo si son tildados luego como mercenarios, por el mismo poder que se los niega, cuando se ven obligados a conectarse desde una embajada. Hay un evidente cinismo en esto, no me propongo ahora hundir el dedo en esa llaga, pero hay un hecho insoslayable: cuando un blogger planta bandera a la sombra de la autoridad asume muy poco o ningún riesgo personal, sin embargo, si lo hace del bando “alternativo” debe pagar cara la osadía frente a un poder que todo lo asume en blanco y negro, que no admite la diversidad de los tonos y cuya consigna sigue siendo ¡conmigo o contra mí!; un poder que azuza constantemente a los perros de la guerra, que no perdona que estas palabras estén colgadas en voces cubanas siendo cubano quien las escribe, un poder cuya intolerancia sí viene a ser el pecado original, la primera piedra lanzada en esta vorágine sin vencedores ni vencidos, en la que al final pierde la nación cubana.

La Historia muestra ejemplos de pueblos desangrados por matanzas y resentimientos durante décadas o siglos, que supieron levantarse de las ruinas mediante la indulgencia. Acude a la memoria nuestro Martí sublime, que aun convencido de lo inevitable de la guerra emancipadora, supo lanzarla sin odio contra España; acude el ejemplo de Gandhi, esa alma grande que puso de rodillas a un imperio únicamente con su palabra, y sin un solo disparo fundó una nueva India; y acude el gran Mandela, que luego de 27 años cautivo de los racistas, renació de la prisión, perdonó a sus carceleros, sepultó un régimen de más de un siglo y fundó la Sudáfrica de la nueva era. Ante estos elevados testimonios, resultados de confrontaciones que parecían insalvables, cabe preguntarse: ¿podría Cuba seguir iguales derroteros?, ¿sabremos superar nuestras diferencias y fundar para Cuba una nueva era de tolerancia? En esa esperanza vivo y creo que es esta la verdadera misión de mi generación.

Sobre esta cuerda debe pulsar la blogosfera cubana de hoy, que es ambas caras de una misma moneda en esta dicotómica relación, inevitable y difícil. Viajamos todos en el mismo barco, despojados de los mismos derechos – pues los privilegios no lo son – y esto ya es algo que nos une. Al final, la nación necesita de todos para renacer de las cenizas. En la encomiable tarea de reconciliar lo mejor y lo más auténtico de cada parte, llevaría yo ambas manos extendidas. Exigiría, como condición, desear el bien supremo de la patria. De momento, todos los que amamos los colores diversos y libres en la misma bandera, podríamos comenzar llamándonos, sin epítetos, cubanos y punto.

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