“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para mayo, 2011

Cubanos y punto

Foto: Orlando Luis Pardo.
Confieso que cuando me llegó la referencia por voz de un “alternativo”, careciendo de reseñas anteriores y a bordo del malentendido, abrí en zafarrancho de combate “La polémica digital”, de Elaine Díaz. Pero cuando me percaté del tono objetivo y conciliador que se percibe en su post
“Bogger y punto” depuse enseguida los yelmos de la guerra y entré desarmado a un discurso que parece sincero. Mi reacción inicial, aunque primitiva, tiene una explicación muy simple: demasiado déspota, demasiado hipócrita había lanzado antes improperios a mi puerta y cuando esto sucede, algo se endurece por dentro y fácil irrumpe el reflejo gutural de la batalla. Pero una vez en calma asumo la propuesta, porque para liberar a la bestia siempre tendremos tiempo, ya que todo puente de conciliación, una vez tendido, es un trofeo que este pueblo no puede darse el lujo de perder.

Sin embargo, creo que salvados los altibajos cualitativos que son naturales en toda congregación humana – y la blogosfera, aunque virtual, en cierto modo lo es – no encuentro que sea la regla, sino más bien la excepción, la falta de argumentos. Entre nuestros bloggers – que siguiéndola en su empeño no escindiría en bandos y también llamaría bloggers y punto – puede contarse más de un apasionado, ¿qué cubano no lo es?, sólo que cada cual jalonea en el sentido que le dicta su conciencia. Esa “guerra extenuante” de ambos bandos, no es otra cosa que el reflejo virtual de la que le han obligado a librar al cubano en la calle durante cinco décadas, dentro y fuera de la isla, dolorosa secuela de la querella entre los poderes de ambos lados del estrecho y que ha dejado ganancia para ambos – dinero para unos, alegatos para otros – mientras el pueblo cubano es el gran perdedor en este culebrón.

En el camino hacia la concordia debe ser el Estado quien lance el primer gesto, por ser el poder que dispone de todos los recursos, por ser la parte más fuerte, éticamente obligada a respetar a la más débil y por ser la que dispone la ley que apaga o atiza la brasa de la discordia. Aquí todo se resumiría al sentido común, porque si bien es improcedente la Ley de Ajuste Cubano, también es improcedente que se nos prohíba viajar al extranjero; si desacertada y anacrónica es esa política llamada bloqueo por unos y embargo por otros, que nos atenaza hacia afuera, igualmente lo es la excesiva centralización del Estado, que nos atenaza hacia adentro; si tendenciosa es la gran prensa mundial, lo es también, y en no menos medida, la prensa cubana; si es una inmoralidad mentir para indultar a Posada Carriles, también lo es inhabilitar a un médico por algo que nunca hizo, o sea, que al final ambas orillas son capaces de timar, y en lo que sube y baja la marea se nos escapa la vida.

El mundo experimenta hoy una tendencia de las vías alternativas y las redes sociales a ganar protagonismo, pero en Cuba parecemos ir en sentido contrario. No creo que la principal demanda de los bloggers sea el acceso libre a la red, ni que esto se equipare en calibre a la crítica situación de la vivienda, la alimentación o los salarios espurios. Partiendo del precepto de que la solución de un problema no implica dejar de luchar por la solución de otros, sí hay una diferencia esencial entre la Internet y el resto de estos asuntos: mientras los últimos demandarán de un lógico reordenamiento en la infraestructura física del país, de un descomunal despliegue de recursos y de inversiones a mediano y largo plazo, sin embargo, comparativamente, entregarle al pueblo las llaves de Internet sería como chasquear los dedos; implicaría una inversión inconmensurablemente más discreta, posible a corto plazo, de hecho sólo requiere reordenar la infraestructura mental de quienes toman las decisiones, es cuestión de pura voluntad política, y negar este derecho al pueblo, a estas alturas de la historia, es puro oscurantismo medieval.

Al lugar donde me conecto una vez a la semana – donde nadie me cobra, nadie me paga y nadie me censura – llego después de tres horas de viaje, me toma ocho horas en total poder colgar este mensaje, algo que en mi casa tomaría ocho minutos. No es pecado, ni me molesta, que los “bloggers revolucionarios” accedan a la red global, pero sí es un pecado capital negárselo a los “alternativos” – como al resto del pueblo – sobre todo si son tildados luego como mercenarios, por el mismo poder que se los niega, cuando se ven obligados a conectarse desde una embajada. Hay un evidente cinismo en esto, no me propongo ahora hundir el dedo en esa llaga, pero hay un hecho insoslayable: cuando un blogger planta bandera a la sombra de la autoridad asume muy poco o ningún riesgo personal, sin embargo, si lo hace del bando “alternativo” debe pagar cara la osadía frente a un poder que todo lo asume en blanco y negro, que no admite la diversidad de los tonos y cuya consigna sigue siendo ¡conmigo o contra mí!; un poder que azuza constantemente a los perros de la guerra, que no perdona que estas palabras estén colgadas en voces cubanas siendo cubano quien las escribe, un poder cuya intolerancia sí viene a ser el pecado original, la primera piedra lanzada en esta vorágine sin vencedores ni vencidos, en la que al final pierde la nación cubana.

La Historia muestra ejemplos de pueblos desangrados por matanzas y resentimientos durante décadas o siglos, que supieron levantarse de las ruinas mediante la indulgencia. Acude a la memoria nuestro Martí sublime, que aun convencido de lo inevitable de la guerra emancipadora, supo lanzarla sin odio contra España; acude el ejemplo de Gandhi, esa alma grande que puso de rodillas a un imperio únicamente con su palabra, y sin un solo disparo fundó una nueva India; y acude el gran Mandela, que luego de 27 años cautivo de los racistas, renació de la prisión, perdonó a sus carceleros, sepultó un régimen de más de un siglo y fundó la Sudáfrica de la nueva era. Ante estos elevados testimonios, resultados de confrontaciones que parecían insalvables, cabe preguntarse: ¿podría Cuba seguir iguales derroteros?, ¿sabremos superar nuestras diferencias y fundar para Cuba una nueva era de tolerancia? En esa esperanza vivo y creo que es esta la verdadera misión de mi generación.

Sobre esta cuerda debe pulsar la blogosfera cubana de hoy, que es ambas caras de una misma moneda en esta dicotómica relación, inevitable y difícil. Viajamos todos en el mismo barco, despojados de los mismos derechos – pues los privilegios no lo son – y esto ya es algo que nos une. Al final, la nación necesita de todos para renacer de las cenizas. En la encomiable tarea de reconciliar lo mejor y lo más auténtico de cada parte, llevaría yo ambas manos extendidas. Exigiría, como condición, desear el bien supremo de la patria. De momento, todos los que amamos los colores diversos y libres en la misma bandera, podríamos comenzar llamándonos, sin epítetos, cubanos y punto.

El recurso de la duda.

                                                                                                                                                                         Por: Jeovany Jimenez Vega.

Cuba desprecia la mentira…”, afirma el periodista en su artículo de Granma que asegura que Juan Wilfredo Soto falleció de causa natural. Cuando leo esto, transitan ante mí personales recuerdos que me dejan este ya familiar calor en la cara. Porque yo mismo he sido víctima de una cúpula que cuando no encontró un motivo legítimo para castigarme, apeló al recurso maquiavélico de que el fin justifica los medios y se hundió hasta el pecho en el estiércol de la mentira para privarme del ejercicio de mi profesión.

La misma prensa que ha silenciado sistemáticamente injusticias que comparadas hacen que la cometida contra mí parezca un juego de niños, ahora sostiene que Wilfredo murió el 8 de mayo debido a una pancreatitis aguda, lo cual, asegura, no guardaría ninguna relación con el “gentil” trato que seguramente le dispensara la policía política el 5 de mayo. Es cierto que cualquiera de las enfermedades crónicas referidas en la versión oficial pudo a la larga terminar con su vida, aunque igual pudo haber sido dentro de varios años. Pero sucede que, según un testigo citado por Granma, el día de los hechos Wilfredo “…mostraba un aspecto normal, con su acostumbrada fortaleza…”, de lo que se presume que, al menos ese día, no tenía ninguna descompensación cardiovascular ni metabólica aguda, por lo que llama poderosamente la atención que apenas horas después del altercado en aquel parque de Villa Clara haya precisado de cuidados en un servicio de terapia intensiva, y que a solo 48 horas de su ingreso hiciera exitus letalis. ¡Pasmosa casualidad!

No conocí a Wilfredo e ignoro el contenido o la presunta autenticidad de su Historia Clínica, pero de un par de cosillas sí estoy convencido: en el hipotético caso de que su cadáver mostrara evidencias de golpeaduras, está claro que jamás serían mostradas a la luz pública ni se iniciaría una investigación que emplazara a la institución policial; así mismo, en el hipotético caso de que mis colegas villaclareños, habiendo constatado lesiones y establecido una relación directa con la muerte del joven, intentaran hacer una declaración al respecto, se toparían con una férrea censura y con todo tipo de manipulaciones y amenazas para sepultar la verdad. Llegados a este punto ¿terminarían inhabilitados como yo?, ¿por qué no si están frente a un poder que no conoce límites?

Más allá de si este joven murió o no como consecuencia de la brutalidad policial, sí es un hecho que la intolerancia visceral de los círculos del poder, sumada a su miedo de perder el control, han creado todas las condiciones para que algo así pueda suceder en Cuba en cualquier momento y lugar, lo cual es ya tan grave como el hecho en sí. Para confirmarlo basta asomarse a mi caso: fue suficiente que dos médicos entregaran unos documentos inofensivos, y hasta insulsos frente a la realidad que describen, para que terminaran inhabilitados para el ejercicio de la Medicina por tiempo indefinido. Ponga ambos casos en perspectiva y concluya si llevo o no razón en lo que digo. Por ahora medito sobre el punto de vista de aquel periodista y aunque respeto el dolor de esa familia, desde la distancia, sin embargo, me reservo el supremo recurso de la duda.

La muerte no es cierta…

 

Porque no me atrevo a hablar después que hablaste, queden únicamente tus palabras.

El rábano por las hojas

Cuando el gobierno cubano se propuso mantener aquella rígida política cultural dictada por los encartonados ideólogos de la década gris de los 70, acudió a un socorrido recurso: juzgar como contrarrevolucionario a quien discrepara según criterios propios, censurar cualquier opinión discordante y estigmatizar a todo aquel que no se ajustara estrictamente a su línea de pensamiento; reprimir como principio, según la lectura que hicieran desde su punto de vista los represores de turno, instaurándose así una de las épocas más infecundas de nuestra historia. Entonces fueron las amenazas, la abierta represión, las juventudes frustradas, el triunfo de la mediocridad en el arte, la tristemente célebre UMAP. ¿Consecuencias?: la formación de un reflejo social condicionado que todavía hoy, casi medio siglo después, nos daña haciendo persistir la hipocresía y la doblez.

Cuando nuestro gobierno se propuso perpetuar su política migratoria, que ha privado por medio siglo a millones de cubanos de su derecho a viajar libremente al extranjero y que ha devenido en un efectivo mecanismo de control, lo cual viene a ser la genuina raíz de este asunto, decidió irse otra vez por las ramas: satanizó el hecho natural de viajar o emigrar y lo convirtió en sinónimo de grave traición a la patria. Entonces fueron las turbas apaleando a quien intentaba emigrar, en los antológicos mítines de repudio, durante los grandes éxodos. ¿Consecuencias?: la persistencia de términos tan denigrantes como el “permiso de salida” o la “salida ilegal”, tratada tácitamente como un delito, la muerte de balseros en el mar y todo una urdimbre de engañifas o sobornos a funcionarios cubanos y extranjeros por parte de quienes hoy persiguen viajar.

Ahora nuestro gobierno intenta perpetuar su monopolio sobre la información, un privilegio que ha controlado durante medio siglo y que se resiste a ceder a su pueblo en forma de auténtico derecho. Esta vez arremete contra la Internet, una amenaza contra su hermética censura informativa que ha terminado quitándole el sueño, por lo que una vez más toma el rábano por las hojas e intenta mostrar como esencial aquello que no lo es, sembrando y alimentando la idea de que la red global es un peligro inconmensurable, una trampa tendida por el capitalismo global, de la cual está predestinado a salvar a su pueblo, cuando lo esencial radica en su terror a la información. Hoy vuelve sobre sus recursos de siempre: fustigar, estigmatizar, desacreditar como principio, amenazar y llegado el momento ¿por qué no? desatar la jauría porque, después de todo, nada lo detiene. Pero esta vez, aunque inconclusa, debe ser otra la historia porque este mundo nuestro ya no es el mismo de antes.

Sin derecho a intimidad

Foto: Luis Orlando PardoFoto: Orlando Luis Pardo

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Desde los primeros años del proceso revolucionario cubano iniciado en 1959, se perfiló cada vez más la tendencia de las disposiciones estatales a regular la vida del individuo. Hay un grupo de pequeñas y no tan pequeñas cosas sobre las que varias generaciones de cubanos nunca pudimos elegir. Así, nuestro gobierno dispuso por el individuo asuntos aparentemente triviales como, por ejemplo, que los niños recibirían 3 juguetes una vez al año o que la navidad dejaría de celebrarse y así fue durante décadas. Pero además, organizó un único Sistema de Educación centralizado y esto, definitivamente, deja de ser un asunto trivial pues no toma en cuenta el derecho de los padres a elegir qué tipo de educación recibirán sus hijos. Decidió, por ejemplo, que mi generación cursaría el preuniversitario en un Instituto rural, estudiando media jornada y trabajando en la agricultura media jornada diaria y así lo hicimos. Años después, siendo ya un trabajador de la Salud Pública, sobrevino la ominosa Resolución 54 mediante la cual, por no perder la costumbre, nuestro Ministro dispuso de la vida personal de todos sus subordinados, que así no pueden salir al extranjero, ni siquiera de modo temporal, sin antes ser retenidos por él durante 5 años.

Aquella vocación por administrarnos la vida llega a tener ribetes enfermizos. El Estado decide asuntos tan diversos como aquello que podemos o no comer, qué tipo de carne es lícita o ilícita y si la cocinamos con gas licuado, electricidad o keroseno, hasta qué edad tomarán leche nuestros niños o quién estará autorizado a comprar un auto. Hasta hace apenas 3 años, disponía incluso quien podía entrar al país un reproductor de VHS, de DVD o una computadora personal, que sólo fueron “despenalizados”, mediante Resolución del Ministerio de Comercio Interior, en marzo de 2008. Recuerdo a cierto profesor emérito, toda una referencia regional en su especialidad médica, tratando de contactar desesperadamente al Ministro ¡para que le autorizara a entrar un reproductor de DVD retenido por la aduana! Desgastarse en ridiculeces semejantes, tal vez fue la causa por la que el entonces Ministro Dr. José Ramón Balaguer, no dispuso de tiempo para responder aquella solicitud de 300 trabajadores en noviembre de 2005, ni para revertir a tiempo las pésimas condiciones imperantes en el Hospital Psiquiátrico de la Habana que costaron la vida a decenas de pacientes durante el antepasado invierno.

Junto a regulaciones aparentemente insulsas, salvo porque evidencian la naturaleza mezquina de quien las dicta, coexisten prohibiciones mucho más graves, que limitan seriamente la autonomía individual y son profundamente violatorias de los derechos inherentes al ser humano. Por ejemplo, nuestro gobierno reconoce una única manera de expresión “legal”, o sea, a través de las instituciones u organizaciones de masas que ha facultado para ello, fuera de las cuales todo intento de expresión es sistemáticamente ignorado o reprimido, con lo cual viola nuestro derecho a la libre expresión de pensamiento y a la libertad de reunión. Estos castigos no se contemplan en ningún código escrito, pero son tácitamente acatados por todas las instituciones estatales, incluida la Fiscalía General, de lo cual yo mismo soy un vivo ejemplo (ver Médicos inhabilitados en la Habana). Dispone también nuestro gobierno de facultad discrecional absoluta para autorizar o no al ciudadano a viajar al extranjero y de autorizar o no su regreso a Cuba, un poderoso mecanismo de coacción masivamente usado contra su pueblo y con lo cual viola nuestro derecho a viajar libremente. En décadas pasadas se llegó al punto de boicotear las relaciones de quien vive en Cuba con su familiar emigrado, prohibiéndole, por consideraciones políticas, aceptar de aquel una visita o una llamada telefónica. Hoy persiste en Cuba la prohibición de acceder libremente a la Internet, que unida a una férrea censura de prensa, viola nuestro derecho a obtener personalmente información de primera mano.

En fin, que en su afán de mantener el latón con tapa, nuestro gobierno ha ido demasiado lejos irrumpiendo grotescamente en la intimidad de la persona. Mientras tanto, firma Pactos Internacionales que reconocen estos derechos para luego no cumplirlos, mientras ostenta, flamante, la actual vicepresidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. ¡Pero no se asombre de nada, es que así somos de controvertidos y pintorescos los cubanos!

Dr. Rodolfo Martínez Vigoa. ¿Por qué firmé?

Un amigo y colega, el Dr. Jeovany Jimenez Vega, y yo, tuvimos la idea de elaborar una carta donde se cuestionaba los salarios del sector de la Salud Pública cubana, luego de un aumento anunciado a mediados de 2005, que al final agregó $48.00 pesos (apenas $2.00 CUC) a nuestro salario. Nótese que si hago el comentario inicial refiriéndome al CUC, hay que tomar en cuenta que esta no es la moneda en que nos pagan el salario, pero sí es con la que al final todos, el que tiene o no tiene, el que recibe remesas o no, el altruista o el ladrón, en fin todos, tienen que ir a pagar a la tienda los altos precios impuestos por el Estado. Esta carta fue apoyada por las firmas de 300 trabajadores del sector en 6 municipios de la antigua Provincia La Habana y entregada en el Ministerio de Salud Pública a finales de 2005.

Pues bien, quien esto escribe nunca fue sancionado en su centro de trabajo, jamás aceptó prebendas por certificados ni por ninguna otra gestión médica, tampoco cometió errores médicos que condujeran a la muerte o complicaciones graves de ningún paciente o a problemas de índole alguna con familiares acompañantes o colegas de trabajo. Estuve junto al pueblo brindándole mi humilde servicio en los años más difíciles del Período Especial, sin siquiera pensar en la idea de abandonar mi puesto de trabajo. Yo asistía a mi consulta con los zapatos rotos y las batas médicas casi para desechar, pero no me interesaba, aun así iba y brindaba mis servicios. Entendía además que el país, en tal situación, no podía aumentar salarios a nadie, pero pasaron los años y las tiendas recaudadoras de divisas se hicieron eternas, perennes, pero yo ya no era el mismo pues tenía hijos que alimentar. Mientras tanto el país había mejorado en algo su economía, pero de aumentar salarios o bajar precios, nada. ¿Cómo explicarle a mis hijos por qué su padre médico y su madre estomatóloga nunca tenían dinero para comprarles juguetes, pasear o garantizarles una comida decente? Durante todos aquellos años en que mi salario no me alcanzaba para alimentar a mi familia, me vi obligado a ganarme la vida como ayudante de carpintero.

Por haber entregado aquellos documentos, permanezco inhabilitado para el ejercicio de la Medicina, junto al Dr. Jeovany, desde octubre de 2006. Si hoy me preguntan por qué tuve aquella iniciativa y firmé dicha carta, pues es sencillo: fue por moral, porque era éticamente correcto, por eso firmé, ¿firmaría otra vez? Sí, y un millón de veces más si fuera necesario. Cuando se trabaja sin recibir nada a cambio, eso es esclavitud, pero yo decidí no seguir siendo un esclavo de alguien que, pregunto, ¿tendrá las mismas necesidades que el pueblo de a pie? Creo que no. Pues este esclavo se sublevó, pero no se fue al monte, sino decidió protestar aquí, con los de adentro ¿y qué recibió? sólo palos de un gobierno que dice ser democrático. Sin más comentarios.

El fusil de mi padre

Uno de los irreverentes fusiles que apuntaron al cielo desde la céntrica esquina habanera, estaba empuñado por las manos de mi padre. Recuerdo el orgullo brillando en sus ojos cada vez que contaba que de allí partió para defender la Revolución en la arena semivirgen de Girón. Fue partícipe del primer período de la etapa revolucionaria, la de los vertiginosos eventos que orientaron cada vez más hacia la confrontación las relaciones con el gobierno de Estados Unidos. A cada medida de los yanquis una repuesta del Gobierno cubano hasta que, llegado abril de 1961, la suerte estaba echada y aquella juventud, incluido mi padre, no reparó en entregas y siguió a Fidel hasta mojar sus botas en el salitre mismo de la playa.

Nací yo nueve años después, entre los estertores de la zafra de los 10 millones que no llegaron a ser. En los brazos de mi padre aprendí a hablar silabeando “fi…del” y señalando aquel rostro barbudo en la pared. Había liderado una Revolución que triunfó en medio del júbilo de un pueblo que la apoyó sin miramientos, para desterrar una tiranía y una fauna de asesinos que encarnaban un pasado que debía sepultarse para siempre. Por eso, por haber sido aquella una Revolución necesaria y auténtica, todo lo que en su nombre se hizo fue devotamente aceptado por aquella generación como lo más natural del mundo. ¿En qué momento aquella Revolución, llamada a ser la más hermosa de todas, fue desvirtuada por los hombres? ¿Cuánto persiste de su original espíritu y cuánto ha quedado en el camino? ¿Es utópica quimera o hermoso sueño viable todavía? ¿Dónde termina hoy el ideal sagrado de la patria y dónde comienza el reino de las miserias humanas?

Quiso la vida que también un día de abril, 35 años después de aquella tarde de fusiles, muriera mi padre con más de una herida en el corazón. Me detengo a pensar si, de vivir aún, alguien pudiera convencerlo de que es justo que el hijo que él educara en el respeto supremo a la verdad – o lo que es lo mismo, en la lealtad a la patria – fuera expulsado del Partido en el que él mismo militó y haya permanecido inhabilitado durante más de 4 años para ejercer la Medicina – mi profesión, otro de sus grandes orgullos – sólo por haber escrito a su Ministro unas cuantas verdades. Sin lugar a dudas, se sentiría profundamente traicionado. Porque todo acto déspota, todo sueño truncado pérfidamente, toda injusticia impune, son una traición a la pureza de aquella Revolución de los humildes, una traición a aquel piélago de puños crispados bajo el cielo luminoso de abril; porque no fue para entronizar a ningún déspota que se ofrendara tanta sangre. De haber muerto después de consumada mi sanción (presumiblemente de vergüenza) habría partido con un pensamiento: ¿…qué pensará Fidel de todo esto? Gracias a Dios por evitarle esta herida, más dolorosa aún, en lo profundo del alma.

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