“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para marzo, 2011

La ciberguerra y la censura

Por: Jeovany Jimenez Vega.

La frase no parece pronunciada por un periodista que reside en Cuba en pleno 2011: “…los cubanos tenemos criterios, hemos crecido aprendiendo a tener criterios…” Causa estupor escuchar esto en el programa sobre la ciberguerra, transmitido el pasado lunes 21 de marzo por Cubavisión. Se recibe la impresión de que en Cuba hay una absoluta libertad de criterio, que aquí Usted pudiera opinar a diestra y siniestra sin ser molestado ni con el pétalo de una rosa. Yo, que he estado durante más de 4 años inhabilitado para ejercer mi profesión por algo tan simple y natural como opinar ante mi Ministro, quedé estupefacto. En un programa dedicado al uso de las tecnologías de la Informática y las comunicaciones como armas en la confrontación ideológica, fue evidente la intención de dejar plantada en nuestro subconsciente la idea de la Internet como una amenaza, de la Internet como una agresión (por supuesto, se refiere a la que a mí me niegan, no la que disfrutan ellos plenamente). Como de costumbre, de presentar a todos los bloggers independientes como la encarnación misma del anticristo, haciendo tabla rasa y mezclándolo todo en una amalgama donde presuntamente pulula lo más execrable, se pasó al discurso apologético elogiando a los bloggers alineados con el gobierno cubano, incluidas entrevistas a periodistas de medios de la prensa oficial cubana y, por supuesto, a ninguno de los proscritos.

Los periodistas y bloggers defensores fervientes de la política del gobierno con relación a la Internet, que presumen de su libertad para emitir criterios independientes, conocen sobradamente las verdaderas reglas del juego. Tienen meridianamente claro que tal “libertad” para acceder a la red mundial tiene límites bien precisos, que está condicionada a mantener una rígida postura repetitiva al carbón de la línea oficial – conditio sine qua non – para mantener este privilegio y que si se les autoriza a mantener un blog o navegar el ciberespacio – casi siempre desde una oficina de trabajo cuidadosamente controlados – esto es en calidad de préstamo, de prebenda y no como un auténtico derecho. Cualquiera de ellos que quebrante la exigida uniformidad de criterios, y aún desde la buena voluntad haga un cuestionamiento frontal a cualquier política oficial, terminará automáticamente en la calle. Tampoco es secreto para nadie que los estudiantes de las Brigadas de Respuesta Cibernética, que operan desde la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), no pueden discrepar ni apartarse una coma de lo exigido, pues volverían a ver la UCI únicamente en fotos, quedarían fuera del juego y tal vez fuera de su carrera universitaria o de su trabajo. Todo esto trae implícito que quien navegue la Red desde Cuba defendiendo este dictado oficial a capa y espada, es sólo un privilegiado más, que opina cobijado a la sombra del poder, sin asumir riesgos, y no hace otra cosa que defender su privilegio, consciente de que cualquier opinión incómoda se pagaría caro.

El artículo de Granma publicado el martes 22 de marzo, al tratar en su último segmento la postura del gobierno cubano con relación a la Internet, muestra tal desconexión con la realidad que debería hacer a su autora palidecer de vergüenza. Existen sobradísimas razones para creer que si el acceso masivo de su pueblo a la Internet fuera de conveniencia para el gobierno cubano, ya esto fuera un hecho consumado. El gobierno ha demostrado con creces que la propaganda ideológica es su prioridad absoluta; entonces el advenimiento de la Internet se le presenta como una realidad incompatible porque su uso puede burlar las alambradas de la censura. Monopolizados durante medio siglo todos los medios masivos de información y acostumbrados a brindar cómodamente, en cucharilla de plata, su versión única de la realidad como una verdad incuestionable, como un dictado divino, este incómodo fantasma que recorre el mundo se le ha convertido en una espeluznante pesadilla. Saben bien que para conservar el control necesitan desesperadamente mantener el hermetismo del muro de la censura, que ha sido la esencia de una estrategia de comprobada eficacia, pero donde ya se advierten inevitables fisuras por donde se filtra la luz y es ahí donde hoy concentran el ataque.

Después de todo queda claro el mensaje: nuestro gobierno no está dispuesto a permitir, bajo ningún concepto, el libre acceso del pueblo cubano a la Internet. Prefiere arrastrar la mala letra ante el mundo, con tal de mantener el control absoluto de la información para mantenernos dentro de su campana de cristal, a buen resguardo de la “propaganda” mundial. Ni siquiera tras la llegada mil veces anunciada del cable de fibra óptica desde Venezuela el panorama cambiará, pues siendo una cuestión de voluntad política ya surgirá un fantasmal pretexto sobre la infraestructura técnica del país o cualquier otra excusa para que no llegue la Red a mi hogar. Por ahora el cubano queda detenido ante la alucinante tarifa de $7.oo CUC (casi la mitad de un salario mensual promedio de alrededor de $16.oo CUC) por una hora de Internet desde un hotel. Pero a pesar de esto, se llega al cinismo de acusar a alguien obligado por ello a conectarse desde una embajada, como si no prefiriera hacerlo desde su casa si se le permitiera. Pero esta situación, un producto de su propia política de censura, le da de paso un argumento extra al gobierno para acusar a todo blogger de mercenario. Ha quedado ampliamente demostrado a través de la historia, que cuando un poder se siente amenazado usa todos sus medios para incinerar hasta la raíz cualquier foco de discrepancia. Igual que ayer ardieron en la hoguera de los inquisidores montañas de libros, hoy arden, en sus hogueras virtuales, montañas de bytes.

Solicitud al Gobierno Provincial de Artemisa

El 25 de marzo de 2011 hice entrega, en la sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular de Artemisa, de la documentación dirigida a su Presidente Raúl Rodríguez Cartaya, donde le solicito que, haciendo uso de la facultad a él otorgada por el Reglamento de las Asambleas Provinciales del Poder Popular, proponga al Consejo de Ministros la revocación de la Resolución 248, del 27 de septiembre de 2006, emitida por el entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, mediante la cual fui entonces inhabilitado por tiempo indefinido para el ejercicio de la Medicina en todo el territorio nacional. Así mismo solicito la revocación de la Resolución Decanal 14-06, del 24 de abril de 2006, emitida por la entonces Decana de la Filial Oeste del Instituto de Ciencias Médicas de La Habana, que suspendió entonces mi Residencia en Medicina Interna mientras cursaba yo su último año.

En este documento, entregado al amparo de Artículos de la Constitución Socialista vigente, dejé constancia de las razones por las que estoy convencido de que ambas medidas fueron injustas e improcedentes y quedaba plasmado claramente el fundamento legal de mis argumentos. Así solicito que la revocación de ambas medidas lleve implícita la devolución del salario íntegro dejado de percibir durante todos estos años dejados de trabajar contra mi voluntad y que sea yo devuelto al Régimen de Residencia en Medicina Interna, de la que fui arbitrariamente despojado, para poder concluir el estudio de esta especialidad.

El Presidente de la Asamblea dispone, a partir de este momento, de 60 días hábiles para responder a la demanda que le hice llegar. Espero que con su respuesta llegue además la solución de mi caso y que no se ignoren una vez más mis argumentos, como hasta ahora lo han hecho reiteradamente, durante años, los Consejos de Estado y de Ministro, la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Ministerio de Salud Pública y la Fiscalía General de la República. Corren los días, yo pacientemente espero.

Preguntas a Vladimir

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Infiltrado durante 25 años entre lo más connotado de la disidencia cubana, según el artículo que devela nombres y fechas. Esto presupone un alto grado de constancia y profesionalidad y presupone, además, sólidos principios. Es sólo cuando termino de leer el tabloide publicado que me percato del detalle de que Moisés Rodríguez Quesada (agente “Vladimir” para la Seguridad del Estado) pertenece al sector de la Aduana General de la República de Cuba, aunque no se especifican tiempo ni lugar. Esto me llamó la atención porque resulta que he escuchado decenas – acaso cientos – de testimonios de personas que a su paso por la Aduana del Aeropuerto “José Martí” de la Habana han sido testigos y/o víctimas de todos los tipos imaginables del robo y la extorción. He oído que allí se ensañan especialmente con los turistas de Miami, que traen mercancía emanada de su trabajo para aliviar a su familia del rigor de esta vida difícil que llevamos. Escucho historias que indignan la fibra más profunda y que son un insulto al decoro de cada cubano digno. Me avergüenza pensar que para quien sufra semejante atraco en la puerta misma de este país, ya luego todos los cubanos le pareceremos de la misma calaña y seremos juzgados con la misma vara.

Pero sucede algo que es imposible soslayar, y es que estos señores cuentan para sus andanzas con una herramienta formidable: el Decreto Ley 178 sobre arancel de Aduana entrado en vigor desde diciembre de 1997. Esta desmesurada Ley obliga al viajero a abonar en el aeropuerto entre el 100 y el 300% – en dependencia de su precio de compra – de todo artículo que entre por dicha Aduana. Tan exagerada medida parece intencionalmente diseñada para conducir al viajero hasta las puertas del soborno, por lo que pronto se corrió la voz de que la “discreción” lo soluciona todo de un modo más rápido y barato. Por supuesto que lo pactado con el funcionario va a parar al fondo de su bolsillo. Pensando en esto me asaltan las preguntas, Vladimir, y se me agolpan en la cabeza. ¿Será que existe la más remota posibilidad de que el Ministerio del Interior y la Seguridad del Estado, para la cual operó Usted durante más de 2 décadas, desconozcan el grado de corrupción imperante en ese lugar? La misma Seguridad del Estado que conoce lo que piensa la CIA en Langley ¿puede acaso desconocer lo que sucede en su propia Habana a la vista de media humanidad? ¿Lo desconocía Usted, Vladimir, trabajando para la Aduana? ¿Cómo sería esto posible si lo conozco yo, que no soy policía ni inspector, que vivo a 60 kilómetros del aeropuerto y lo visito sólo eventualmente? Las historias que he escuchado durante años implican, presuntamente, toda una red de oscuras componendas, sin la cual sería imposible perpetuar este escandaloso fenómeno. Nadie en su sano juicio creería que un sector estratégico como la Aduana no esté plenamente cubierto por la Inteligencia cubana porque hay algo seguro: quien acepta un soborno de 100 dólares ¿acaso no hará la vista gorda si se le ofrecen, hipotéticamente hablando, 5000 por dejar pasar algunas drogas, por ejemplo? Ante semejante peligro ¿puede permanecer indiferente la Seguridad del Estado? Si esto es así ¿cómo es posible que se haya perpetuado en ese lugar semejante estado de cosas? ¿Acaso puede negar alguien que esto esté sucediendo aún? ¿Por qué un trasiego de inmoralidades tan vergonzoso y nocivo nunca es abordado frontalmente por la prensa cubana?

En aquel memorable año 80, cuando Usted comenzaba su misión como agente, a unos metros de mi casa se organizó uno de aquellos célebres “actos de repudio”, que aun siendo yo un niño de 10 años recuerdo como sucedido hoy mismo. Quiera Dios que mis hijos nunca sean testigos de tan denigrante barbarie. La raíz de aquellos ataques a personas indefensas habría que buscarla en la ancestral intolerancia que nos ha corroído durante décadas, la misma intolerancia que truncó más de una vida, que expulsó a más de un estudiante de la Universidad, a más de un obrero honesto de su trabajo y que, con toda certeza, le habría retirado a Usted todo aval para trabajar en el sector de la Aduana, de no haber sido por el obvio contexto en que lo hacía. Quien esto escribe, Vladimir, es un vivo testimonio. Soy médico y tal vez no crea que bastó escribir una carta a mi Ministro para que fuera inhabilitado hace más de 4 años para el ejercicio de mi profesión por tiempo indefinido, pero en este blog puede encontrar mi historia (ver Médicos inhabilitados en La Habana). Créame que lo entiendo cuando asegura haber sufrido cuando era juzgado socialmente por algo que no es. Humanamente lo entiendo porque también yo he llevado esa carga en el corazón, también yo he sido emplazado y juzgado por hechos que nunca cometí, también fui acusado de traición a mi patria, todo únicamente por haber ejercido mi natural derecho a opinar y ahora por eso vivo estigmatizado por algo que no soy.

Aunque Usted reconoce haber viajado al extranjero en aquella misión de la Inteligencia cubana, reconozca que únicamente de ese modo se le permitió tal privilegio porque, precisamente por ser privilegio y no derecho, son incontables los casos que por consideraciones netamente políticas no han podido hacerlo nunca, dada la facultad discrecional que se atribuye el gobierno para negarles terminantemente el permiso de viaje. ¿No cree Usted que, de no haberse mantenido durante décadas esta política, pudieron evitarse las crisis de Camarioca y del Mariel e incluso el drama de los balseros? ¿No será precisamente verse privado de este y de otros derechos esenciales lo que ha lanzado a más de un cubano a la confrontación con el gobierno? y cuando esto sucede ¿automáticamente se convierte en camaján ante sus ojos, en alguien desalmado y sin principios, capaz de moverse sólo por dinero y afán de protagonismo? Que ese cubano anhele tener libertad para viajar al extranjero y regresar sin restricciones de ninguna clase, acceder libremente a Internet, tener acceso a información sin censura, expresar libremente lo que piensa sin ser molestado por eso y tener un espacio en la vida social donde ejercer criterios propios ¿lo convierte inexorablemente en un contrarrevolucionario? Afirmar esto sería admitir que el libre ejercicio de estos derechos es incompatible con la existencia misma de la Revolución, lo cual no es congruente con el concepto que de la Revolución yo tengo y, además, extendería esa grave acusación a millones de cubanos que igualmente aspiran a la conquista de aquellos humanos derechos.

Muchas voces se han levantado durante estos años para advertir sobre el gigantesco peligro que para la sociedad cubana implica el gravísimo problema de la corrupción de cuadros administrativos o políticos, voces que emanan a veces de esa disidencia que según Usted no existe, pero que otras veces emanan de personas comprometidas con la Revolución, aunque en la abrumadora mayoría de las veces todo cae en saco roto, lo cual por desgracia ha generado una asfixiante indolencia social. Basta asomarse con asombro a un caso bien reciente e ilustrativo, el del Profesor Esteban Morales, quien fuera expulsado del Partido Comunista por haber atacado frontalmente el fenómeno de la corrupción.

Espero Vladimir, que a partir de ahora, como Jefe de turno de Enfrentamiento en el aeropuerto elimine por fin la impunidad de los corruptos y nunca más me llene de vergüenza escuchando historias denigrantes de esa Aduana. Igualmente supongo que viva Usted en una humilde vivienda de alguna barriada obrera, o al menos en la misma que habitara hace 25 años cuando comenzó su misión. Comprendo que en el cumplimiento de la misma estaba obligado a ostentar un determinado nivel de vida coherente con la fachada que mantuvo. No lo conozco, por lo que no tengo otro remedio que especular sobre algunos puntos. Imagino que no tenga Usted un auto, dado que esto sólo lo pudo obtener lícitamente siendo trabajador vanguardia nacional y eso, dado el rostro de disidente activo que Usted exportaba, queda completamente descartado en Cuba, ni siquiera siendo el mejor trabajador del país, mientras que comprar un auto de otro modo implicaría una suma de dinero inalcanzable para el salario miserable que nos pagan. En caso de equivocarme y ostentar Usted hasta ahora un nivel de vida superior al permitido a su salario, poder mantener un auto del tipo que sea, haber mejorado ostensiblemente su casa o haber permutado a un elegante barrio previo pago de miles de “sucios dólares” por el cambio, en ese caso, Vladimir, espero que su vocación de hombre ético lo compulse a ser consecuente y proceda a devolver todo lo mal habido durante estos 25 años, todo lo que considere que sea producto de sus relaciones con aquellos mercenarios. Créame, esto me ayudaría a mantener viva, perenne, mi fe en el mejoramiento humano.

Le desea suerte en su nuevo trabajo.                                       El Ciudadano Cero.

Preguntas a Emilio.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Preguntas a Carlos Cerpa Maceira (Agente “Emilio” de la Seguridad del Estado.)

Durante los días tristes del éxodo de 1980, siendo un niño de 10 años, fui testigo de lo mezquino y brutal que llega a ser el hombre cuando olvida el respeto al derecho ajeno y libera la bestia que lleva dentro. Con los gritos del ¡pin pon fuera, abajo la gusanera! aquel niño consternado vio con grandes ojos aquel escándalo, aquel revuelco de papas, huevos y tomates, la trifulca, los golpes y los escupitajos del vulgo a aquellas personas indefensas cuyos rostros terminó difuminando el tiempo, pero que de algún modo quedaron estampados en aquellos ojos del espanto. Luego los años me harían testigo de la doblez hipócrita, de la falsa moral y la simulación que generaron aquellas reyertas de patadas y pedradas. Aquello fue un insulto de lesa humanidad a la dignidad de todos los cubanos, a la sagrada patria de todos los cubanos. Apenas 10 años más tarde, aquellos represores tendrían que tragarse el membrete, cuando los gusanos retornaban hechos mariposas, pero a pesar de todo, a más de 30 años de aquel horror aún no se ha escuchado una sola palabra pública de sincera disculpa.

Pero pasó el tiempo, y pasó un águila por el mar… y llegó la primavera negra de 2003. Todo fue vertiginoso y yo, como el resto de millones de cubanos, tuve como única referencia la versión oficial de los hechos transmitida por la televisión cubana. No se les permitió una palabra de réplica, no se transmitió un solo argumento de defensa de ninguno de los 75 sancionados. Luego, las severas condenas y la historia de las Damas de Blanco que no tengo que contarle a Usted por motivos obvios. Recuerdo, eso sí, los reportajes de televisoras extranjeras, que de vez en cuando circulaban “underground”, donde aquellas madres, hermanas, esposas, hijas se aferraban a sus razones desafiando a las turbas amenazantes. Otra vez el mismo puño crispado, ahora contra mujeres indefensas, avivó reminiscencias de aquel lejano 80. El desenlace de esta historia lo conoce Usted bastante mejor que yo. (Ver Cuando un amigo…)

Dada la privilegiada posición que ocupara Usted durante la última década en el centro de estos hechos, seguramente tiene un nivel de información muy superior al mío. Por eso le pido, por favor, que me precise algunas cuestiones que no aclara el tabloide publicado. En fin, sólo pregunto ¿era mentira que los esposos y padres de aquellas mujeres estuvieron confinados durante años en prisiones situadas a 600 kilómetros de su hogar, y más lejanas aún, con el presunto propósito de castigar también a su familia? Entonces ¿no eran auténticas las amenazas y golpizas a las Damas de Blanco que Usted “reportara” como “vocero” durante sus temerarias marchas por la Habana? ¿De veras aquellas oleadas de “pueblo enardecido” siempre pasaban, casualmente, justo por allí y respondían de modo espontáneo, siempre con las mismas consignas, las mismas amenazas, los mismos empellones, el mismo modus operandi y hasta con más de un rostro repetido? ¿Nunca comentó en sus “reportajes” las sospechosas filas de ómnibus parqueadas a unas cuadras del lugar? Cuando Emilio “reportaba” alguna noticia ¿Lo hacía cuidando su credibilidad como “reportero” o hacía exactamente lo contrario, dado que tenía la precisa misión de desacreditar? En caso de ser un auténtico reportero ¿habría asumido igual irresponsabilidad, hasta el punto de permitir que otra persona le administrara un blog en Internet usando su nombre? Entonces ¿no existe la oposición en Cuba, lo que significa que es unánime e irrestricto el apoyo de virtualmente todos los cubanos a su Gobierno? Si esto es así ¿por qué en medio de esta profunda crisis económica se destinan aún cuantiosos recursos a Órganos represivos como la Policía y la Seguridad del Estado? ¿A qué se le teme? De modo que entre los “presuntos” opositores ¿no hay absolutamente nadie con principios?, de modo que en esta ruta recorrida por Usted durante una década ¿absolutamente todos los nobles principios, las virtudes y la decencia quedaban en la senda izquierda y absolutamente todo lo denigrante en la senda derecha? ¿Así de simple? Cuando Usted asegura que la disidencia no tiene arraigo en el pueblo ¿no obvia unos detallitos como, por ejemplo, los miles de Emilios infiltrados entre esos “grupúsculos” con la única misión de neutralizarlos, técnicamente hablando o sea, desacreditar activamente, sembrar discordias, fomentar recelos y divisiones, frustrar toda tentativa de consenso, cercenar el germen de la confianza, minar los ánimos, truncar toda iniciativa cívica y por supuesto, informar meticulosamente de todo a la contraparte que, dicho sea de paso, monopoliza y dispone de todos los recursos, incluidos los medios masivos de comunicación, que son herméticamente censurados y jamás otorgan el derecho de réplica. Lo que resulta realmente milagroso es que alguien, ante esta monstruosa indefensión, tan sólo se plantee discrepar.

Emilio, como Usted, también nací un 10 de octubre y también me enorgullece, porque evoca el largo camino andado por mi pueblo en su sueño de lograr que ningún cubano se enseñoree sobre la libertad de otro cubano, y esto, con dolor lo digo, continúa siendo un sueño inconcluso. Dentro de la disidencia hay de todo, es un sector social demasiado heterogéneo y complejo para que así no sea, pero de esto a reducir el asunto de un modo tan simplón asegurando que todo se resume únicamente a dinero y a ansias de protagonismo va un buen trecho. Por supuesto que hay corruptos y oportunistas, pero también hay cubanos movidos por principios, con conceptos diferentes a los suyos, errados o no, pero en fin, movidos por principios. Igualmente encontramos oportunistas y corruptos entre los “revolucionarios” de consignas vacías que sólo miran el provecho personal que pueden sustraer de su “revolución” – léase su egoísmo – y no hablo aquí de los revolucionarios auténticos, que respeto, ni de la auténtica Revolución, diametralmente opuesta a los entrecomillados (ver Carta a un alto dirigente). Con estos corruptos, Emilio, los que simulan en la senda izquierda… ¿qué hacemos con estos corruptos? Sólo pregunto.

Quien le escribe conoce muy bien el rostro de la intolerancia porque ha sufrido más de una vez bajo sus garras. Soy médico y hace 4 años y medio que no ejerzo mi profesión, pues estoy inhabilitado para el ejercicio de la Medicina por tiempo indefinido por enviar una carta al Ministro de Salud Pública a mediados de 2005 para hablarle de mi salario (ver Médicos inhabilitados en La Habana). Hasta el momento de aquella iniciativa había militado yo en el Partido Comunista de Cuba durante 10 años, pero fui inmediatamente expulsado y durante los últimos 5 años fui estigmatizado como contrarrevolucionario y acusado impunemente de cosas que no soy y de otras que nunca hice. Ahora, enfocados en mi caso personal, que por sólo canalizar la inquietud de un grupo de trabajadores a su Ministro terminé expulsado de mi trabajo después de un ultrajante proceso en el que se mintió a manos llenas con ese fin, por sólo plantearle a Usted el ejercicio mental me permito una última pregunta: en el hipotético caso de que esto hubiese provocado que yo me alineara con la disidencia Emilio ¿sería yo también un disidente “construido”? Pregunto porque oyéndole hablar parece que todos lo fueran. Humanamente hablando ¿no cree que atropellos tan brutales como este provoquen que más de un cubano haya asumido una actitud cívica frontalmente opositora? ¿Sabe Usted cuántos casos como el mío pudieran contarse en esta isla infinita durante estos 50 años?

Desconozco cuánto riesgo personal asumía Usted infiltrado entre aquellas damas pero, dada la intolerancia que se me contrapone, en mi caso el hecho simple de expresarme desde este blog pudiera acuñar mi sentencia de muerte ante los represores de turno. Si llega a leer esto, piense que mi caso también pertenece a esa Cuba que Emilio defendió. Espero que Usted haya cumplido con lo que consideró su deber por limpia convicción, sin esperar nada a cambio. Respeto todo lo que se haga desde la pulcritud y la pureza de principios. Pero quedan estas preguntas que me taladran la cabeza. Por favor ayúdeme a aclarar estos pequeños puntos y le estaré eternamente agradecido.

El Ciudadano Cero.

Acuse de recibo

El Email recibido de una persona amiga que vive en el extranjero es breve pero dice mucho. Como habla por sí solo, aquí me limito a transcribirlo tal como fue recibido:

te cuento que salio una ley nueva que todo el que salio de cuba ilegal despues del 94 no puede entrar mas al pais, porsupuesto que la ley no esta escrita donde los interesados puedan verlo, tu vas a la embajada haces la tramitacion, especialmente en estado unidos que cuesta 400 dolares y despues te dicen que no, pero se quedan con tu dinero. o sea una cosa que te debian de informar de antemano para evitarte el gasto, pues se quedan callados te cobran uhh que penas no puedes entra de pi…no es facil.

Sin comentarios.

De precios y discursos

La curiosidad nos detuvo frente a una vitrina que exhibe, entre otras mercaderías, zapatos de mujer y sandalias de hombre. La tienda en cuestión pertenece a una cadena cubana, 100% estatal, que vende mercancías en la todopoderosa moneda “convertible” (CUC), o sea esta:


Como Usted comprobará, tienen un precio de venta en CUC de $44.80 y $30.30 respectivamente. Pero, por desgracia, esta no es la moneda con que le pagan su salario básico al trabajador, incluido nuestro médico, sino que le pagan en la moneda “nacional” (CUP) – devaluada 25 veces con relación a la primera – o sea esta:


Si la tasa de cambio actual – y así durante los últimos 10 años – es 1 CUC = 25 CUP, entonces el salario básico mensual de mi esposa – médico hace 12 años y pediatra hace 3 años – que es de $623.oo CUP, equivale a sólo $25.oo CUC. Si mi esposa deseara comprar estos dos pares de calzado, le costarían más de $75.oo CUC ($1875.oo CUP), o lo que es lo mismo, su salario íntegro de 3 meses de trabajo, lo cual supuestamente implicaría 90 días de ayuno absoluto, hijos incluidos.

¿Cuánto pudo costar este calzado comprado al por mayor, colocado en puerto cubano, ya incluidos su transporte, el embargo, la pelusa y la contrapelusa? Como no tengo el dato, supongo, especulo: ¿$10.oo USD cada par? (*) Siendo así: ¿que justifica que se me venda al equivalente de $53.oo USD, al 500% del precio de compra? Esta desvergonzada política de precios se mantiene también para varios alimentos, incluidos algunos importados directamente de EEUU en virtud de la autorización del Congreso, para los que no cuenta el embargo. Se ha mantenido sistemáticamente una relación de 1 a 5 y hasta de 1 a 10 entre el precio de compra y el de venta respectivamente. Esto no es algo originado a partir del embate de la crisis de 2008, esta indolencia se ha perpetuado ya durante dos décadas, no es una tendencia coyuntural; precisamente en este país donde el salario promedio mensual ronda el equivalente de $20.oo USD. Definitivamente, han decidido pagarnos jugando pero cobrarnos en serio.

Fueron estas las razones que provocaron aquella reacción de los trabajadores de la Salud Pública cubana, a mediados de 2005, ante el “aumento salarial” anunciado a grandes voces por el gobierno, consistente en $48.oo CUP (menos de $2.oo CUC), al salario mensual de un médico. Por haber canalizado entonces aquel criterio al Ministro de Salud Pública, estoy inhabilitado para el ejercicio de mi profesión por tiempo indefinido (Ver Médicos inhabilitados en La Habana), y así las cosas, gústele a quien le guste, pésele a quien le pese. Procede demandar menos insensibilidad y más respeto por el trabajador que se desangra con esta estampida perpetua de los precios. Que nadie más prometa con discursos que se desvela por mí, será mejor que me lo demuestre humanizándome la vida. Que no tenga el cinismo de exigir $17.35 CUC ($433.oo de un salario) por un juguete de niño. Ya con eso tendré bastante.


(*)El dólar estadounidense está gravado, dentro de Cuba, en un 20% frente al peso cubano convertible: 1.oo USD = 0.80 CUC = 20.oo CUP.

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