“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para febrero, 2011

Pagan jugando pero cobran en serio

El diario cubano Granma, en su edición del 16 de febrero de 2011, cita a AP: asegura el Presidente del Banco Mundial que millones de personas, las más vulnerables, pagan más de la mitad de sus ingresos en comida. Por su parte, la prensa oficial cubana de vez en cuando publica artículos que abogan por rescatar el sentido del salario como fuente real de sustento del trabajador, e incluso, en más de un discurso el Presidente Raúl Castro ha insistido en que ninguna economía puede darse el lujo de gastar más de lo que ingresa. Esto es un razonamiento lógico, muy cierto, que comparto plenamente. Pero nunca comprendí por qué nuestro Presidente y todos los que a su alrededor rigen las políticas económicas en Cuba, no extrapolan exactamente el mismo razonamiento a la economía doméstica. ¿Qué los induce a pensar que un médico, con un salario mensual de $ 573.oo CUP “moneda nacional” ($ 28.oo USD al cambio actual), sí puede pagar su salario íntegro por un par de zapatos de mala calidad en una tienda del Estado y después de esto alimentar a su familia?

Durante las dos últimas décadas, el Ministerio de Finanzas y Precios se ha comportado como un verdugo para el bolsillo del trabajador que presuntamente sólo cuenta con su salario. Quienes dictan estas políticas viven entre los celajes de otro planeta. Estos señores disponen el precio de venta de cualquier artículo entre el 500 y el 1000% de su precio de compra, precisamente en este país que el salario mensual promedio está alrededor de los $400.oo CUP (unos 20.oo USD). De este modo convirtieron en un lujo para ese cubano promedio nimiedades tales como tomarse una cerveza, comer una golosina o usar papel higiénico, pues cualquiera de estas variantes implicaría el salario de todo un día de trabajo. Y todavía los de la cúpula se ofenden si Usted, aquejado por las monstruosas carencias engendradas por sus propias políticas, decide canalizar un grupo de inquietudes a su Ministro; se ofenden hasta el punto de expulsarlo a Usted de su trabajo (ver Médicos inhabilitados en La Habana).

Desplomada la economía cubana a principios de los años 90, se generó una caótica situación económica y social de la cual este país no se ha recuperado aún. Pese a los intentos de circunscribir la crisis reduciéndola a un período llamado eufemísticamente “especial”, esta se ha extendido ya a dos décadas, que representan el 40% de la etapa revolucionaria, lo cual pone en entredicho el término “período”. Entonces los precios se dispararon a la estratosfera mientras los salarios se mantuvieron congelados, sin aumentar un centavo, con lo cual pasaron a tener durante varios años un sentido literalmente simbólico. Si bien a partir de 1995-96 se oxigenó algo el poder adquisitivo de la moneda salarial, durante toda la década del 2000 se mantuvo en una meseta estática. Luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, la Casa de Cambio (CADECA) ha mantenido sin variar la tasa de cambio del CUC (con el que nos cobran en las tiendas) frente al CUP (con el que nos pagan el salario) de 1 a 25 respectivamente, clavada en ese sitio como una puntilla. El Estado no ha insinuado hasta hoy un solo paso para revertir esta dualidad monetaria, responsable en buena medida de que el salario haya perdido por completo su natural incentivo.

Es grave la situación económica en sí, pero tanto más grave es que no se vislumbren soluciones a corto o mediano plazo. No hay signos visibles en el horizonte inmediato que señalen hacia una voluntad del Estado de estabilizar los precios a niveles accesibles, por lo que el trabajador intuye que su salario seguirá sin tener sentido y que la carestía de la vida se agravará. El ciudadano común no percibe claridad en la dirección que el Gobierno señala en estos momentos y esto, sumado a anteriores estrategias erráticas que costaron muy caro en sus respectivos momentos, le transmite al individuo una oscura sensación de incertidumbre.

La actual crisis económica mundial es estructural y profunda, sin embargo dentro de algunos años seguramente se advertirán signos de recuperación a nivel global, pero en el caso de Cuba la crisis puede persistir porque tiene carácter endógeno pues está condicionada por factores subjetivos de índole organizativo, dependientes de la voluntad política de un gobierno reacio a liberar plenamente las fuerzas productivas de un país que lleva medio siglo funcionando quizás a un 20% de sus potencialidades. Si no deja de ser cierto que el embargo económico estadounidense tiene la mitad de la culpa en esta historia, la otra mitad de la culpa pesa sobre el bloqueo mental interno, que por ser un fenómeno endémico, culpa completamente nuestra, hace más daño y tiene un costo político más nefasto e imperdonable que aquel. Si hoy mismo se levantara el embargo y por ello contáramos con billones de dólares más y esa suma se encontrara con la inoperante infraestructura actual, no harían más que evaporarse, dilapidados entre los fantasmas de la irresponsabilidad y la corrupción que ya han sumido a esta economía en las ruinas. En caso de que el Gobierno no rectifique enérgicamente y con realismo su política económica, no resolverá nunca esta crisis en que nos hemos empantanado. Para eso, un buen primer paso sería mirarnos más críticamente a nosotros mismos, advertir primero la viga en el ojo propio que la paja en el ojo ajeno, para que el cubanito de a pie no tenga que inventarse mágicamente el modo de invertir, sólo en mal alimentar a su familia, el 400% de su “salario”. Ya quisiera nuestro médico que, al menos en sueños, la mitad de sus ingresos le bastaran para alimentar a sus hijos. Quedaría por ver si el comentario de Robert B. Zoellick incluye también a 10 millones de cubanos.

La Resolución 54 del MINSAP

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Emitida el 2 de julio de 1999 por el entonces Ministro de Salud Pública Dr. Carlos Dotres Martínez, la Resolución Ministerial 54, aún vigente, se encuentra entre las aberraciones más lesivas a la libertad del individuo de cuantas se hayan promulgado durante los últimos cincuenta años en Cuba. En esencia, dispone que todo trabajador calificado subordinado a este Ministerio (esto incluye médicos, estomatólogos y los licenciados y técnicos de todas las especialidades) en caso de desear viajar al extranjero por cualquier motivo personal, ya sea definitiva o incluso temporalmente, está obligado a solicitar a su Ministro la “liberación” del sector. Esto significa que a partir de hecha la solicitud por escrito, el trabajador tendrá que esperar obligatoriamente 5 años para poder viajar…¡Pero quite esa cara de espanto! No retuerza los ojos, no lustre sus lentes, Usted leyó bien: no 5 días ni 5 meses, ¡son 5 años de su vida los que tendrá que esperar ese trabajador para ser autorizado a viajar! Pero sucede que únicamente transcurrido ese tiempo su expediente, que hasta entonces permaneció en la correspondiente Dirección Provincial, será enviado al Ministro para ser tramitado, lo cual ha llegado a extender la espera de algunos casos hasta casi 7 años. Además, esta Resolución dispone que una vez iniciada la tramitación, el trabajador solicitante de la salida sea despojado automáticamente de todo cargo administrativo o docente, si lo tuviera, y enviado a trabajar durante todo ese tiempo a otro lugar más apartado y/o de menor categoría. Esta disposición leonina, en su desmesura, también incluye a aquellos médicos y estomatólogos ya jubilados, quienes serán retenidos contra su voluntad durante 3 años antes de ser “liberados”, tanto aquel que en algún área investigativa pudiera manejar información sobre algún producto susceptible al espionaje tecnológico, como aquel jubilado en cualquier centro municipal de atención primaria.

La letra de la Resolución se le oculta al trabajador víctima de esta infame medida cual si contuviera el secreto de la piedra filosofal, jamás puede éste acceder a ella, se le niega terminantemente toda posibilidad de consultarla. Ni siquiera está disponible esta Resolución en las Direcciones Municipales de Salud, ni está en poder de los asesores jurídicos a ese nivel, o al menos suelen negarlo sistemáticamente, lo cual es inaceptable tratándose de un documento presuntamente público y que concierne directamente a decenas de miles de trabajadores en todo el país. Esta conducta evidencia que la Dirección del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y el Gobierno están bien consientes y enterados de la magnitud del atropello que el primero dispuso y el segundo ratifica y apoya, pues entra en consonancia con la línea de su política migratoria que priva impunemente de su derecho a viajar a 11 millones de cubanos.

Como consecuencia de estas aberrantes decisiones se cuentan por miles – ¿decenas de miles? – los niños separados de sus padres, los matrimonios y las familias deshechas, las vidas perdidas en mar abierto. Ningún comentario como éste puede describir la envergadura de tanto dolor humano. Sólo quienes sufrieron y sufren los maltratos y humillaciones proferidos por las autoridades responsables de manejar sus casos, conocen a cabalidad las nefastas consecuencias que sobre sus vidas ha tenido la referida Resolución Ministerial 54 del MINSAP.

Para demostrar que no hablo en términos abstractos, basta citar el caso del Dr. Rodolfo Martínez Vigoa, inhabilitado junto a mí desde octubre de 2006, exactamente bajo los mismos términos y por la misma causa, y de su esposa la Dra. Sorelis Victores Castillo, estomatóloga, ambos de Artemisa, en la Provincia del mismo nombre. El Dr. Rodolfo me acompañó en 2005 en la iniciativa de escribirle al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera sobre el irrespetuoso “aumento salarial” hecho a mediados de aquel año, mediante un breve documento respaldado por la firma de 300 trabajadores, lo cual bastó para terminar ambos inhabilitados para ejercer la Medicina en Cuba por tiempo indefinido. La historia se encuentra en el primer post de este blog: Médicos inhabilitados en La Habana. El Dr. Rodolfo, como yo, fue inhabilitado hace más de 4 años, y desde entonces dejamos, por decisión ministerial, de formar parte del Sistema de Salud Pública y fuimos puestos a disposición del Ministerio del Trabajo. Pues resulta que pasados más de 4 años de ser maltratados y pisoteados nuestros derechos, tras una larga estela de vejaciones, el Dr. Rodolfo decidió no solicitar más su reincorporación al trabajo, sino que hace varios meses optó, junto a su familia, por emigrar de este país. Que ella tuvo que solicitar la obligatoria “liberación” por ser estomatóloga se da por descontado. Pero lo que realmente causa estupor, lo que es inaudito, es que el Dr. Rodolfo se vio obligado también, pese a estar inhabilitado hace más de 4 años, a solicitar su “liberación” al MINSAP. Nada cuentan para el Ministro todo este tiempo separado de su trabajo contra su voluntad, está obligado a esperar, a partir de ahora y a pesar de no formar ya parte del Sistema de Salud Pública, los reglamentados 5 años para poder viajar.

Aunque este caso lo ilustra todo, no es más que uno entre miles. Las autoridades no tienen límites para disponer a su antojo de la vida de estas personas, que por su parte no disponen de ningún modo legal de defenderse. En el caso del Ministerio de Salud Pública esto se evidencia del modo más grotesco. Fue siguiendo esta lógica que a aquel Ministro, quien con tales prerrogativas nos vio como su propiedad, no le tembló la mano en octubre de 2006 para despojarnos con total impunidad de nuestra profesión y luego, sin dudas, dormir tranquilo como un niño.

Ver: Resoluciones del MINSAP…

Día de San Valentín.

Día de San Valentín. Hoy, refugiado en el amor de los míos, no me puedo sustraer de un pensamiento: ¿cuántos cubanos, hombres y mujeres, amantes, hijos y padres se encuentran en este preciso momento separados contra su voluntad, porque así lo dispone la absurda y oprobiosa política migratoria vigente en Cuba hace 50 años? Conozco personalmente decenas de casos de amores y familias separadas o deshechas por la cavernícola proscripción de nuestro derecho a viajar. Apenas hay cubano que no conozca a alguien que haya perdido un hermano, un hijo o un amigo en el intento de reunificarse con su familia o su amor cruzando el mar abierto sobre cualquier artilugio flotante, porque se les despojó tajantemente de un modo legal de salir de su país. En este día pudieran ser cientos de miles, ¿millones?, los cubanos privados de poner ese cálido beso, irremplazable, en la mejilla o en los húmedos labios de la persona amada.

Es día de San Valentín y me duelo por esos miles de colegas, médicos, licenciados o técnicos, que a lo largo y ancho de esta isla infinita hoy están forzosamente separados de su ser amado porque alguien, hace 12 años, simplemente dispuso mediante una tal Resolución 54 del Ministro de Salud Pública, aún vigente, que desde entonces éste tendría potestad divina para decidir sobre la vida personal de sus trabajadores y por lo tanto, todo aquel subordinado a él tendrá que, obligatoriamente, esperar al menos ¡5 años! antes de ser autorizado – “liberado”…técnicamente hablando – para abrazar el regazo amado.

Hoy 14 de febrero, propongo a nuestros gobernantes, como primer lineamiento, derogar todo lo que consienta semejante profanación del amor.


Quinta solicitud de despacho.

Hoy en la mañana hice entrega, en el Departamento de Correspondencia del Ministerio de Salud Pública, de un documento dirigido al actual Ministro Dr. Roberto Morales Ojeda, mediante el cual le solicito una entrevista para tratar personalmente el tema de mi inhabilitación. Ahí dejé constancia de mi convicción de que fui víctima, junto a mi compañero el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa, de una injusticia cuando fuimos ambos inhabilitados por tiempo indefinido para el ejercicio de la Medicina en nuestro país, hace más de 4 años, mediante la Resolución Ministerial 248 del 27 de septiembre de 2006.

No es que pretenda yo erigirme en juez y parte. Es cierto que no soy licenciado en Derecho ni perito en ningún tema parecido. Pero basta con saber leer para comprender la intención del tercer POR CUANTO de la Resolución Ministerial 8 del 7 de febrero de 1977, aplicada para inhabilitarme, concebida claramente para castigar hechos lesivos al Código de Ética Médica, cometidos durante el ejercicio asistencial directo con el paciente y/o sus familiares, que pongan en peligro la salud o la vida de los primeros o demeriten el crédito que debe mantener el Ministerio de Salud Pública por su función ante el pueblo. Hasta donde conozco, la única función esencial de dicho Organismo es garantizar la salud de su pueblo, algo completamente al margen de cualquier valoración de índole moral o política, por lo cual no veo de qué modo pude dañar la salud de ningún paciente cuando me dirigí a mi Ministro, como parte de aquella solicitud de 300 trabajadores en noviembre de 2005, ni de qué modo este presunto daño fue considerado tan grave como para merecerme, según aquel Ministro, la expulsión del Sistema Nacional de Salud Pública. Incluso, en lo que viene a reafirmar esta enorme incongruencia, la mencionada Resolución 248 que me inhabilita reconoce en su último POR CUANTO que los hechos que motivaron mi sanción no constituyen infracciones de la disciplina laboral, ni fueron cometidos durante el desempeño de mis funciones asistenciales como médico. A lo improcedente de la Resolución aplicada súmesele la adulteración de documentos a que recurrió quien conformó el expediente y se comprenderá la magnitud de su cinismo (ver Médicos inhabilitados en la Habana).

De todas estas verdades, que causan estupor, quiero hablarle al Ministro de Salud Pública. Queda por ver si con el Dr. Roberto Morales tengo más suerte que con su predecesor el Dr. José Ramón Balaguer, quien durante casi 5 años ignoró, primero la demanda de atención de aquellos 300 trabajadores y luego la decena de documentos que le remitiéramos, incluidas 4 solicitudes de despacho. Incluso una carta a mi ex Ministro, enviada el pasado mes de noviembre, tal como esperaba, también quedó sin respuesta por falta de hidalguía. Espero que el actual Ministro, quien en definitiva no es responsable del anterior manejo de este caso, reaccione con mayor sensibilidad y tenga el valor y la humildad necesaria para reparar esta injusticia. Sólo el tiempo lo dirá.

Carta a mi ex Ministro

Portada del periódico “Granma” del 26 de enero de 2011, esquina inferior izquierda. Más allá de la sana intención del caricaturista no alcancé ni siquiera a esbozar una sonrisa; mi experiencia personal es demasiado frustrante para eso. Moviera a la risa de no ser un asunto tan serio. Con toda seguridad, en la oficina del dibujo no radica ninguno de los “intocables”, ninguna de las “vacas sagradas”, así llamados por la gente de la calle que sufre con demasiada frecuencia su inatención y abandono, pues de ser así nunca sería blanco de la más mínima crítica. Estos señores, que gozan de una absoluta inmunidad tácitamente otorgada, se suponen en un rango existencial tan elevado que terminan desconectándose de la realidad que habitamos los mortales. En mi caso personal, no bastó que golpeara con el ariete de la razón una decena de veces a la puerta del entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera durante más de tres años; este señor nunca se dio por enterado. Cuando dejó el cargo a mediados del pasado año, lo hacía con felicitaciones y reconocimientos de la Dirección del Gobierno y el Partido. De nada habían servido las cuatro solicitudes de despacho que hiciéramos llegar a este señor el Dr. Rodolfo Martínez Vigoa y quien escribe, inhabilitados por él hace más de 4 años por algo que nunca hicimos. Aquí un fragmento del último documento que le hiciera llegar el pasado mes de noviembre:

Artemisa, 11 de noviembre de 2010.

Año 52 de la Revolución”

 

A: Dr. José Ramón Balaguer Cabrera.

Miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Exministro de Salud Pública.

La Revolución cubana le costó a su pueblo una altísima cuota de dolor y sangre. Triunfó precisamente para acabar con el abandono y el desdén con que trataron al pueblo durante décadas los políticos burgueses, los senadores corruptos y los encumbrados ministros… los nuevos ministros serían el pueblo mismo, alguien ético y comprometido con su origen, esclavo del pueblo a que se debe, que administraría sus recursos escrupulosamente y estaría siempre al alcance del trabajador más humilde, al que estaría obligado a respetar y a hablar con transparencia pues este es el fundamento mismo de aquella Revolución abonada con dolor y sangre, sin todo lo cual dejaría de tener sentido.

Durante los últimos años la contratación de servicios médicos viene ingresando a nuestro país alrededor de 5000 millones de dólares anuales…superando incluso al turismo que genera 2000 millones, mientras que en la exportación de bienes nuestros especialistas de la biotecnología y la industria farmacéutica ocupan el tercer lugar sólo superados por la producción de níquel y la industria de derivados del petróleo. Si sumamos ambos renglones de exportación se llegará a una conclusión obvia: de una manera o de otra nuestros profesionales de la Salud Pública son hoy el sector más productivo y estable de la economía cubana. Entonces, si puede considerarse que somos la locomotora de este país, por gravedad caen las preguntas: ¿por qué oscura razón nuestro gobierno cree que no nos merecemos mejores salarios?, ¿por qué se nos niegan las deferencias y atenciones que durante varios lustros han venido recibiendo otros sectores sociales?, ¿por qué continuamos siendo tan mal atendidos? Todo lo que motivó nuestra iniciativa hace 5 años continúa intacto: los mismos salarios indecorosos, las pésimas condiciones de trabajo, las malas condiciones y la mala alimentación durante las guardias médicas que continúan sin ser retribuidas y las mismas carencias llevadas cada día a la mesa de nuestros hijos. Y en medio de todo esto Usted decidió desconocer el reclamo de 300 trabajadores, pero creo entender por qué: porque no es tarea fácil intentar justificar lo injustificable, ese debe ser el oficio más difícil sobre la faz de la tierra…Entonces sólo le quedó el recurso de quien detenta el poder pero no tiene la razón: la brutalidad del zarpazo.

Hace cinco años canalizamos sanamente el criterio de 300 trabajadores subordinados a su Ministerio con respecto a nuestro salario. Estos trabajadores se dirigieron a Usted al amparo de la ley y la Constitución, con la transparencia y la buena fe de quienes quisieron sinceramente ayudar y con todo el derecho que le asiste a quien espera vivir honradamente de su salario pero Usted, desde su encumbrada posición, se mantuvo inaccesible. Sólo recibieron de vuelta su silencio y su desdén o lo que viene a ser lo mismo, su desprecio, con lo cual Usted faltó profundamente al respeto de esos 300 trabajadores en cuestión, e indirectamente a los que en toda Cuba, igualmente subordinados a Usted y bajo las mismas carencias, han velado heroicamente por la salud y la vida de su pueblo. Al no responder a este reclamo Usted demostró una insensibilidad que debería inhabilitarlo para ejercer cualquier cargo en una sociedad que aspira a colocar al hombre en el centro de su universo de prioridades. Cuando Usted no nos respondió faltó a su compromiso más sagrado, o sea, servir con celo y humildad a este trabajador y que debe ser el destino supremo y último de todo ministro en esta Revolución de los humildes. Cuando Usted nos inhabilitó por algo que nunca hicimos incurrió en un acto inmoral e ilegal, que es condenable desde todo punto de vista y es punible por la ley. Cuando las instancias centrales del Gobierno, incluida la Fiscalía General de la República, decidieron hacer la vista gorda e ignorar la aberración que implica habernos impuesto la sanción más extrema recurriendo, sin que proceda, a una Resolución Ministerial (8 de 1977) que no se ajusta ni remotamente a lo que hicimos, asumieron igualmente una postura inmoral e ilegal. Entre todos masacraron impunemente nuestros derechos, pero dado su lugar en esta historia, es Usted el máximo responsable de todo.

Hoy le solicito por favor me haga saber de qué modo dañé o puse en peligro la salud o la vida de mis pacientes o tan siquiera molesté a sus familiares cuando me dirigí a Usted en noviembre de 2005, dado que esta es la razón que se argumentó para inhabilitarme. Si alguien demostrara que violentamos, aún del modo más leve, la legalidad con lo que hicimos, que no nos asistía todo el derecho a dirigirnos en forma respetuosa a nuestro Ministerio o que en algún momento nos apartamos un centímetro de la verdad, humildemente me disculparía y aceptaría resignado mi sanción. Pero, convencido de lo contrario, exijo nuevamente ser rehabilitado en el ejercicio de mi profesión y en el estudio de la especialidad que me fueron usurpados. Esto sería lo único justo y nos vindicaría a todos para seguir luchando juntos porque no vuelvan aquellos tiempos en que los encumbrados ministros, impunes y arrogantes, desatendían y despreciaban a los trabajadores y al pueblo, para que tanto dolor y sangre no se hayan sufrido en vano.

Gracias por su atención.

Dr. Jeovany Jimenez Vega.

Especialista de 1er. grado en Medicina General Integral. Inhabilitado.

Residente de 3er. año en Medicina Interna. Suspendido.

Calle 54 # 2914. Artemisa. Provincia La Habana.

Email: aliettep@infomed.sld.cu

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