“Ciudadano Cero” ofrece el testimonio de dos médicos cubanos que permanecieron inhabilitados durante más de 5 años para el ejercicio de la Medicina en Cuba por haber canalizado ante su Ministerio la opinión de 300 profesionales de la Salud Pública acerca de su salario. El Dr. Jeovany Jimenez Vega, quien administra este blog, autoriza y agradece la divulgación, por cualquier medio posible, de toda opinión o artículo suyo publicado en el mismo.

Archivo para diciembre, 2010

Mi plaza vacante.

El Hospital “José Ramón Martínez” del municipio habanero de Guanajay es un lugar relacionado con mi vida de muchas maneras. En este hospital nací en octubre de 1970. Aquí cursé mi año de internado 23 años después, él me vería graduarme en el verano triste de 1994 entre los rigores del “período especial”, en el umbral mismo de la crisis de los balseros. Aquí entre mis manos murió mi padre. Durante 12 años, como médico del Policlínico Comunitario, hice en él cientos de turnos de guardia médica, en los que ayudé a sanar y salvar a miles de personas hasta octubre de 2006 cuando fui despojado de mi trabajo. Aquí, siendo Residente en Medicina Interna, aquel memorable verano de 2005 recibí la noticia de que se aumentaría $48.oo pesos (menos de $2.oo dólares USD) a mi salario mensual, lo cual consideré, como la mayoría de mis compañeros, una falta de respeto; mis compañeros que como yo sufrieron durante años las malas condiciones durante las guardias médicas, la mala alimentación y la carencia de más de un recurso para diagnosticar o tratar a algún paciente. Pero a pesar de todo terminamos amando este lugar pues lo vimos a través del prisma de la consagración a que nos acostumbró nuestra profesión.

Pero hoy no haré una guardia médica, no consultaré a nadie, no remediaré ningún mal, no consolaré ningún dolor humano, no salvaré ninguna vida. Hace algo más de 4 años nada de esto a mí se me permite. Cuando me dirigí a mi Ministro en 2005, como parte de aquel grupo de 300 trabajadores para hablarle sobre nuestro salario, se sintió tan ofendido que resolvió primero no responder a aquel reclamo y meses después inhabilitarme para el ejercicio de la Medicina en mi país por tiempo indefinido (ver Resolución Ministerial 248). Aquel señor decidió echar por tierra, de un plumazo, la segunda mitad de mi vida. Durante estos 4 años el Servicio de Medicina de este Hospital, del que fui separado cuando se me suspendió arbitrariamente del estudio de esa especialidad en 2006, ha enfrentado durante casi todo el tiempo necesidades asistenciales no resueltas, teniendo vacantes la mitad de sus plazas de Internista, situación que se mantiene hasta hoy. Pero a pesar de todo había que castigarme de modo ejemplarizante, no importó que para esto haya habido que cometer la más atroz de las injusticias y pisotear todos los principios éticos posibles, no importó privar al Servicio de Medicina de un Residente a punto de graduarse, había que castigarme a como diera lugar. Hoy aún continúo privado de mi trabajo por haber ejercido mi derecho a opinar. Aun así hoy me asomo a la consulta, saludo a mis colegas de guardia que me preguntan sinceramente preocupados por el estado de las gestiones para regresar a mi trabajo, les respondo que con toda certeza lo lograré y desciendo la pendiente que conduce al cuerpo de guardia sintiendo aun en el hombro esa palmada tan necesaria.

Médicos inhabilitados en La Habana

Médicos inhabilitados en La Habana por enviarle una carta al Ministro de Salud Pública para hablar de su salario.

Artemisa, Provincia de La Habana, diciembre de 2010.

Los Dres. Rodolfo Martínez Vigoa y Jeovany Jimenez Vega son dos médicos graduados desde 1994 que trabajaron durante 12 años en Guanajay, al oeste de Provincia La Habana hasta octubre de 2006, cuando fueron inhabilitados para el ejercicio de la Medicina en todo el territorio nacional por tiempo indefinido. La historia es la siguiente. A mediados de 2005 ambos médicos tuvieron la iniciativa de hacerle llegar al entonces Ministro de Salud Pública Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, el criterio mayoritario que generó el magro aumento salarial hecho efectivo en junio de aquel año a este sector. Aquel aumento poco menos que simbólico al salario mensual, que en su caso particular consistió en 48.00 pesos (menos de 2 dólares USD), fue recibido con indignación por la mayoría de los trabajadores. Fue irrespetuoso, dado que otros sectores sociales desde hacía años recibían tres o cuatro veces el salario de un médico sumados el dinero en ambas monedas, alimentos y otras atenciones desconocidas por el trabajador de la salud y por labores nada comparables con lo que representa salvar una vida humana. Entonces redactaron un documento fechado 12 de junio de 2005 dirigido a su Ministro y se lo presentaron poco a poco a sus compañeros de modo que quien compartiera ese criterio firmara al dorso del documento. Sin mayores pretensiones sólo se lo presentaron a médicos, estomatólogos, enfermeros y técnicos de ayuda estomatológica, no así al resto de los técnicos de radiología, laboratorio etc. Desde el primer momento los autores de la iniciativa la pusieron en conocimiento de la Dirección del Sindicato y del Partido del Hospital “José Ramón Martínez” donde trabajaban en ese momento. La respuesta a este gesto fue desde el principio la brutalidad: varios días después, en ausencia de los autores, el entonces Primer Secretario del Partido en La Habana, defenestrado más tarde, Iván Ordaz Curbelo organizó un acto de repudio en dicho hospital al estilo de la vieja escuela: muchos gritos y ofensas y pocos argumentos, ante un auditorio en silencio al cual no se le leyó el documento en cuestión y que por tanto no entendía nada. Esta fue la tónica de los meses que siguieron: amenazas abiertas por parte del entonces Director Provincial de Salud Wilfredo Lorenzo Felipe para que abandonaran esta iniciativa y reuniones similares en otros centros. Pero a pesar de todo, pasados algunos meses el documento fue respaldado por la firma de 300 trabajadores, de los cuales 180 son médicos y estomatólogos, mientras 120 son enfermeros y técnicos de ayuda estomatológica, y es el que sigue:
–(Fe de errata: segundo párrafo, donde dice situación debe decir solución.)

Los manuscritos originales de este primer documento respaldado por 300 firmas fueron entregados, tal como se le prometió a los trabajadores, en la sede del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) el 11 de noviembre de 2005 (obsérvese el cuño superior a la derecha) hace 5 años. Ese mismo día fue entregado aparte un segundo documento, firmado exclusivamente por sus dos autores, donde estos exponían sus móviles y donde creyeron procedente denunciar ante su Ministerio los atropellos recibidos hasta entonces y que comienza como sigue:

Pero el Ministro nunca respondió a aquellos 300 trabajadores. Después de 5 meses de esperar en vano, estos médicos decidieron entregar ambos documentos en el Consejo de Estado y en el Comité Central del Partido. Arriba, en la página 2, se muestra el primer documento acuñado en el MINSAP el 11 de noviembre de 2005 y en el Comité Central del Partido el 4 de abril de 2006 y abajo, en la página 4, siguen el primer y el último párrafos del segundo documento (puede leer el texto íntegro de éste al final), acuñado el 3 y 4 de abril de 2006 en el Consejo de Estado y el Comité Central respectivamente, donde fueran entregados personalmente por ambos médicos en la Oficina de Atención al Público de estas instituciones.

Entonces fue cuando alguien inescrupuloso, no teniendo absolutamente ningún motivo para condenarlos legítimamente, fue muy pragmático: lo inventó. Se les acusó de no haber entregado el primer documento auténticamente firmado por los 300 trabajadores, sino sólo el segundo documento desconocido por estos amparándolo con las 300 firmas, acusándolos de engañar presuntamente así a los compañeros que en ellos confiaron. Vea nuevamente el detalle de los cuños del MINSAP y del Comité Central del Partido en el primer documento que presuntamente no entregaron Rodolfo y Jeovany, lo cual desmiente definitivamente esta mentira:

Dos semanas más tarde de entregados ambos documentos en el Consejo de Estado y en el Comité Central llegó la reacción desproporcionada y violenta. Por respuesta, a mediados de abril de 2006, el Sindicato y el Partido organizaron los ya clásicos actos de repudio en cada centro donde hubo trabajadores firmantes, en los que se repitió la mentira de modo sistemático hasta el cansancio: presuntamente estos dos médicos eran la contrarrevolución, la lacra capaz de traicionar vilmente al trabajador que en ellos confió. Entonces el Dr. Jeovany fue expulsado del Partido, en el cual militó durante diez años. Inmediatamente fue suspendido de su Residencia en Medicina Interna, de la cual cursaba su último año sin haber incurrido en ninguna indisciplina docente y trasladado a un consultorio médico en el área de salud, mientras su compañero el Dr. Rodolfo fue trasladado del Servicio de Emergencias  del Hospital a un consultorio rural apartado, todo como castigo por su “atrevimiento”. Cinco meses después fueron inhabilitados para el ejercicio de su profesión en todo el territorio nacional por tiempo indefinido, mediante las Resoluciones Ministeriales 248 y 249 del 27 de septiembre de 2006 emitidas por el Dr. José Ramón Balaguer. Estos documentos son una adulteración de la verdad de principio a fin, son herméticos, no establecen ningún recurso de apelación por la vía civil ni por la administrativa y los dejaron en estado de indefensión. Nunca habían maltratado a ningún paciente o familiar, nunca incurrieron en indisciplinas durante su trabajo asistencial, ni violaron de ningún modo el Código de Ética Médica. Su único e imperdonable “pecado” fue dirigirle una carta a su Ministro donde hablaron de su mísero salario. Esto bastó para que fueran expulsados del Sistema de Salud Pública. Se les aplicó improcedentemente la Resolución Ministerial 8 del 7 de febrero de 1977 que en su tercer POR CUANTO sanciona hechos que lesionen la ética médica cometidos durante el trabajo asistencial directo con el paciente y/o sus familiares. A continuación se muestra el tercer POR CUANTO de la referida Resolución aplicada a este caso:

Pretender que lo arriba referido guarda la más remota relación con los hechos descritos sería un insulto a la inteligencia. Incluso, por hacer más evidente la contradicción, en el noveno POR CUANTO de los documentos que los inhabilitan se reconoce explícitamente que los hechos no fueron cometidos en horario de trabajo ni guardan relación con su labor asistencial como médicos. Compruebe Usted como se descontextualizó la letra de aquella Resolución para intentar legitimar lo que a todas luces fue una arbitrariedad:

¿De qué modo estos médicos, ni ningún otro trabajador, pudieron afectar a sus pacientes o familiares por dirigirse respetuosamente a su Ministro? De ningún modo fue posible pues todas las gestiones con sus colegas fueron hechas en la calle o en la casa del trabajador y esto es un hecho completamente inconexo con su trabajo como médico; como se reconoce arriba los hechos no guardan absolutamente ninguna relación con su trabajo asistencial. Así queda demostrado el carácter arbitrario, improcedente, ilegal e inmoral de estas sanciones. No existe un solo fundamento legal, moral o ético que las justifique.
Después de inhabilitados, ambos médicos hicieron múltiples gestiones a todos los niveles posibles para que fueran revocadas estas injustas sanciones. Contactaron a una decena de abogados que siempre rechazaron el caso por el mismo motivo: el hecho de que estas sanciones no establecieran absolutamente ningún recurso de apelación los hacían inabordables tanto por la vía civil como por la administrativa. Desde el 21 de marzo de 2007 ambos médicos iniciaron una ininterrumpida serie de solicitudes ante los Organismos Centrales del Estado para intentar recuperar su trabajo. Esto incluyó al Consejo de Estado y al Consejo de Ministros, al Comité Central del Partido, a la Asamblea Nacional del Poder Popular, a la Fiscalía General de la República y por supuesto a la Dirección del Ministerio de Salud Pública. Durante cinco años, todas las instancias centrales de este país con potestad para investigar con rigor y/o derogar este caso ignoraron las decenas de documentos enviados.
Finalmente, a continuación se muestra la letra del segundo documento enviado, firmado exclusivamente por los Dres. Rodolfo y Jeovany, para una mejor comprensión de sus móviles en este caso.

Guanajay, 31 de Marzo de 2006
“Año de la Revolución Energética en Cuba”

A: CONSEJO DE ESTADO DE LA REPÚBLICA DE CUBA.
COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA.

La presente misiva se le remite en busca de algunas respuestas necesarias. Quienes escriben se dirigen a usted desde la buena fe con ánimo constructivo y no desean la confrontación innecesaria. Todo lo que aquí se escribe responde a nuestro criterio, es estrictamente personal, por cuanto no se responsabiliza a nadie más por lo que aquí se dice, eso sí, desde una posición de sinceridad y respeto, convencidos del deber elemental de hablar a rostro descubierto aún sobre verdades dolorosas, según la prédica martiana de que la pluma debe mojarse con la sangre de la verdad aunque nos mane del costado.
La misiva fechada el 12 de Junio de 2005 surge a raíz del aumento salarial a nuestro sector a partir del propio mes, como iniciativa de dos médicos trabajadores del Hospital “José Ramón Martínez” del Municipio Guanajay, Provincia La Habana que tienen el modesto aval de 11 años de trabajo, graduados desde 1994 como parte del VII Contingente “Carlos J. Finlay”. Se propone llamar la atención sobre un tema que sabemos escabroso: la penosa situación económica del personal calificado del MINSAP. Dicho documento no permite dobles lecturas, es muy claro en su tesis, no se aparta un centímetro de la verdad, no persigue otro propósito que el de llamar a la dirección de nuestro Ministerio a una reflexión sana sobre uno de nuestros problemas más neurálgicos, una aguda situación bajo la cual subyacen la mayoría de los problemas subjetivos de nuestro sector y que reclama una solución urgente. Sin mayores pretensiones sólo se le presentó a médicos, enfermeros, estomatólogos y técnicos de ayuda estomatológica, no así al resto del personal técnico ni de laboratorio. Se pretendió reflejar un criterio generalizado, el sentir de la abrumadora mayoría del personal calificado subordinado al MINSAP. Todos cuantos lo leyeron, (y fueron muchos cientos), tanto los que firmaron plenamente conscientes, por voluntad propia, como los que no lo hicieron también por su voluntad, (incluso en contra de su voluntad por temor a consecuencias que nos apenaría mencionar), todos sin excepción comparten ese criterio, incluso quienes discreparon con el método utilizado que, dicho sea de paso, aunque inusual no es ni remotamente ilícito. Dicha iniciativa originó una reacción desproporcionada e innecesaria de los factores políticos que intentaron darle una connotación que para nada persigue, creándose un clima de mucha tensión, utilizando métodos inapropiados que preferimos no juzgar aquí y que incluyeron desde “actos de repudio” en que funcionarios de rango provincial nos cuestionaron desde muchos puntos de vista, más con gritos que con argumentos, sin ni siquiera conocernos, todo hecho a nuestras espaldas sin un elemental aviso por lo que lógicamente estuvimos ausentes; una farsa realizada ante trabajadores que desconocían el texto, que no sabían siquiera acerca de qué se hablaba aun cuando el texto fue puesto por nosotros en manos del Partido y el Sindicato de nuestro Hospital desde una semana antes, a pesar de lo cual no fue siquiera leído. Posteriormente se nos asedió irrespetuosamente en nuestro puesto de trabajo mientras cumplíamos estancias o guardias médicas. En más de una ocasión se nos amenazó abiertamente con la “suspensión de títulos” y con otras “medidas administrativas”. Como para no dejar dudas fue removida de su cargo como Jefa de Servicio de la Clínica Estomatológica de Artemisa la compañera Sorelis Victores Castillo, esposa de Rodolfo Martínez Vigoa, abajo firmante, que nos apoyó en nuestra iniciativa, lo cual fue una decisión injusta y arbitraria tomada a pesar de un excelente desempeño de su función durante más de 7 años. Un dirigente del Partido Municipal de Artemisa, en un rapto de vulgaridad, ante cientos de asistentes a un acto provincial nos llamó públicamente a toda voz “profesionales de pacotilla” y días después, llamado a capítulo por nosotros se retractó cobardemente de haberlo dicho. Alguien hizo circular comentarios morbosos y tendenciosos o vulgares mentiras sobre nuestro propósito que terminaron creando un clima enrarecido alrededor del tema, a pesar de lo cual nuestra iniciativa fue secundada por 300 trabajadores, de los cuales 180 son médicos o estomatólogos de merecido prestigio en su entorno laboral y social. Tal y como se prometió, la misiva fechada 12 de junio de 2005 firmada de puño y letra por estos 300 trabajadores respaldando nuestro criterio, fue entregada en el Ministerio de Salud Pública el 11 de noviembre de 2005 según el procedimiento establecido. Pasados casi cinco meses no recibimos hasta hoy una respuesta oficial de nuestro Ministerio lo cual es una profunda falta de respeto y casi un atropello a este grupo de trabajadores que tuvieron la honestidad de llamar la atención sobre una dura realidad que toca todos los días a su puerta y gravita sobre su mesa; la actitud de estos trabajadores es, ante todo, en acto de fe y merece al menos una respuesta decorosa.
Compañeros: cuando arriba decíamos que estar ante un asunto agudo y neurálgico no usábamos palabras gratuitas. El trabajador subordinado a nuestro Ministerio tiene particularidades propias que se deben tener en cuenta para no caer en análisis simplistas. Ustedes deben conocer la consagración y esfuerzo personal que supone ser un profesional competente. Quien se gradúa y luego se supera, como ineludible consecuencia humana, aspira a vivir decorosamente del fruto de su esfuerzo, pero hoy nuestra realidad particular es bien penosa y diferente: recibimos un salario evanescente que se agota a los 5 ó sumo 10 días, quedando pues en la agonía de la urgencia a expensas de esa especie de caridad pública, del gesto espontáneo del paciente agradecido que conoce nuestra imperiosa necesidad. Hablamos de profesionales talentosos y consagrados, de elevada calidad humana, trabajando con batas raídas y su único par de zapatos rotos, con muchas de sus necesidades más elementales sin cubrir, que han coexistido con esta lamentable situación durante más de una década, agobiados por carencias que llenarían estas cuartillas y que dejamos a su imaginación.
Si bien es cierto que algún paciente nuestro con apenas sexto grado percibe no menos de $3000.oo MN al mes vendiendo caramelos o maní y otros pueden ganarlo diariamente, sería absurda aquí la comparación con el sector que realiza  trabajos por cuenta propia. Proponemos entonces llamar la atención sobre sectores estatales que interactúan a nuestro alrededor y que sí sería válido tomar como punto de comparación. Ejemplos: El agente SEPSA que incluyendo MN, CUC, alimentos, aseo personal, etc, percibe alrededor de $2000.oo MN mensualmente o la oficinista ETECSA que por conceptos parecidos percibe $ 1000.oo MN. El MINFAR y el MININT reciben salarios más altos que los nuestros y siguen hace años una sistemática política de estímulos. En todos los casos citados se otorga uniforme y calzado puntualmente al trabajador. La lista de sectores mejor remunerados sería muy larga. Entonces no encontramos respuesta para algunas preguntas: si se argumenta la no disponibilidad de recursos o presupuesto y siendo el Sistema Nacional de Salud una entidad única subordinada al estado centralizador de dichos recursos, ¿qué justifica que quien custodie la puerta del hospital reciba 3 veces más ingreso que un profesor de Medicina Interna que ha formado médicos durante décadas, e incluso que el propio director del hospital?. ¿No es acaso un absurdo total que un curso de 1 mes reporte al individuo varias veces más utilidad que 12 años de estudios superiores? ¿Tiene algún sentido que esta sociedad que aspira a la igualdad plena retribuya varias veces más a un custodio que a un neurocirujano que ahora salva una vida? ¿Qué justifica que desde el especialista MGI o estomatólogo en el área hasta el último superespecialista del Instituto tengan insatisfechas sus necesidades básicas, y de no ser el caso, las satisfaga a expensas de cualquier oficio y nunca a partir de su salario como profesional?
A nuestro trabajador se le pide un espíritu altruista y desinteresado, capaz de altas dosis de sacrificio y que tenga una gran sensibilidad humana, cualidades todas que sin duda posee. Pero desgraciadamente, en la cadena de tiendas por divisas, donde es el Estado quien fija los precios y vende muy duro, donde terminan al final muchas diligencias cotidianas, las divisas que se nos cobran no son el altruismo, el sacrificio ni la dignidad (que fuera realmente conmovedor) sino llanamente el CUC. Ahí el estomatólogo que percibe $540.oo MN por todo un mes de trabajo debe pagar su salario íntegro por un par de zapatos de mala calidad, $2.75 CUC ($68.75 MN) por una libra de picadillo de res o $1.75 CUC ($43.75 MN) por un litro de leche de producción nacional. Entonces nuestro profesional, sin alternativa posible, sale a la calle a esa otra ¨lucha diaria¨ para no tener que prostituirse en su profesión vendiendo certificados, medicamentos o a cambio de prebenda alguna. Se trata de una situación tan agobiante que lo obliga a buscar una fuente alternativa de ingresos de formas tan exóticas y disímiles que lo llenarían de estupor: criando cerdos, planchando para la calle, vendiendo pizzas, jamón o huevos, como albañil, carpintero, zapatero o simplemente alquilando por un precio fijo mensual el auto que mereció en una misión internacionalista por no tener manera de costear la gasolina; actividades todas que tienen algo en común:  le restan ánimo y tiempo para su superación profesional, lo sustraen de lo que debería ser su única preocupación, el estudio, que debería revertirse en una atención más exquisita a su paciente desde el punto de vista científico.
Si es posible que hoy se enarbole la bandera del internacionalismo a través de las misiones médicas en decenas de países, eso es gracias también al espíritu de entrega  de cuantos permanecemos en Cuba. Nuestro trabajador ha debido asumir el trabajo de quienes salen a la misión y así un médico cubre el trabajo que antes realizaban 3 o 4 compañeros, existiendo incluso casos más dramáticos, todo esto tratando de entregar el mismo esmero al paciente y recibiendo a cambio la misma retribución de siempre mientras sabe que su colega internacionalista, muy merecidamente es cierto, recibe varios cientos de dólares al mes y a su regreso recibirá un estipendio mensual nada desdeñable bajo las circunstancias actuales.
Es un reclamo bastante extendido que sería justo el pago de la guardia médica realizada muchas veces sin las condiciones más elementales. Sería igualmente justo el pago de la antigüedad y la bioseguridad a todos nuestros trabajadores por razones obvias. Es el criterio compartido por la mayoría de los trabajadores con cargos docentes y administrativos que el pago por estos conceptos no son proporcionales con el esfuerzo que demandan ni con la responsabilidad que implican. Los $ 6.oo MN pagados por nocturnidad a los enfermeros mensualmente son irrisorios;  basta recordar que en la calle hoy cuestan $ 10.oo MN una pizza, un aguacate o un refresco enlatado. Así mismo no es proporcional con la salud que resta  el estudio de una segunda especialidad con los $50.oo MN que se aumenta por este concepto a nuestro salario, todo esto mientras alguien fija sin ruborizarse el precio de un juguete en $ 5.oo a $ 10.oo CUC o un TV a color  en $ 300.oo CUC cuando esto implica nuestro salario íntegro  de 13 meses de trabajo; sin olvidar que hace alrededor de dos años en la cadena de tiendas CUC se aumentó masivamente entre el 10 y el 30 % a precios que, ya entonces, eran escandalosos.
Bajo este contexto nuestro personal se creó una expectativa mayor con respecto al aumento salarial del mes de junio de 2005, por lo que este fue recibido realmente con desilusión. Bajo estas circunstancias aumentar $ 48.oo MN al salario mensual de un médico fue poco menos que simbólico. En los pasillos de nuestros hospitales y policlínicos se escucharon duras palabras, cargadas de agravio y resentimiento, se murmuraron frases injuriosas que no repetiremos aquí por una cuestión de pudor elemental.
Nuestro Ministerio está en la obligación moral de dar una respuesta respetuosa a sus trabajadores dada la altísima sensibilidad del tema que aquí se trata, el mismo trabajador que en el momento más álgido y triste del período especial se mantuvo por $3.00 USD o menos al mes junto a su puesto de trabajo sosteniendo en pie la valía de esta obra y que merece saber que sus criterios son tenidos en cuenta. Si bien todo lo justo y acertado nos fortalece y aglutina, así mismo nuestras propias incongruencias y errores injustificables son armas gratuitas que entregamos al enemigo. Todo aquí se dijo adecuadamente con total  apego a la verdad, se dijo de modo mesurado y obedece a una razón muy simple: si bien es la justicia el ideal supremo de la Revolución no es justa ni proporcional, sin embargo, la retribución que actualmente recibe nuestro trabajador aún después de décadas de esfuerzo y consagración, mientras otro sectores estatales son retribuidos varias veces más, situación nada compatible con el principio marxista ¨…a cada cual según su trabajo.¨
Ante la falta de valentía y la indiferencia mostrada por nuestro Ministerio nos dirigimos al nivel más alto de la dirección política del país en busca de una actitud más ética. Una única advertencia: estas líneas y las firmas adjuntas son solo la punta del iceberg; el problema en sí es mucho más polémico y profundo y nunca será resuelto con remedios paliativos ni tímidos aumentos salariales. Solo podemos, humildemente, alertar; el que tiene oídos para oír, oiga.  La realidad es mucho más dura que cualquier palabra y esa, aunque nos queme las manos, no cabe en ningún discurso. Son miles los trabajadores, firmantes aquí y no firmantes, los que esperan su respuesta. Confiamos en que sea moderada y juiciosa, argumentada e inteligente, alejada de cualquier asomo de torpeza. La dureza de estos tiempos no nos ha hecho perder la ternura de nuestros corazones. Tenemos fe en que se tomarán decisiones consecuentes con el espíritu de esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.
Agradeciendo su atención

Jeovany Jiménez Vega.                                   Rodolfo Martínez Vigoa.
Especialista de 1er grado M.G.I                  Especialista de 1er grado M.G.I

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